Venerable Madre Teresita del Niño Jesús Pérez de Iriarte O.P.

Sor Teresita del Niño Jesús, O.P.

A Madre Teresita del Niño Jesús
Pérez de Iriarte, O.P.
una Dominica de nuestro tiempo.
Caminando en la verdad, por el amor, crezcamos en todos los sentidos,
para ser como Él,
que es la cabeza de Cristo.

Semblanza espiritual de todo un carácter
(1904 - 1954)
publicado en Edibesa,
Madrid, 1998
colección "Palabra, vida, oración"
por el P. Lorenzo Galmés, O.P.
cuyo índice es detallado a continuación:




ÍNDICE

Nota previa
Presentación

1. ESQUEMA BIOGRÁFICO
   1.- Etapa de Tafalla
   2.- Etapa de Daroca
   3.- Etapa de Olmedo
2. SUBIDA AL MONTE DEL SEÑOR
   1.- El trabajo, en una vida contemplativa
   2.- Bajo el signo de la unidad en la vida teologal
      a. Mujer de fe
         La Palabra de Dios
         El Misterio Trinitario
         La Humanidad de Cristo
         El Misterio Eucarístico
         La Cruz de Cristo
         María, la Señora.
      b. En brazos de la esperanza teologal
      c. Invadida de caridad
3.- A la luz de las virtudes morales.
   Prudencia.
   Justicia.
   Fortaleza.
   Templanza.
4.- En la ruta de la vida consagrada.
   Pobreza.
   Castidad.
   Obediencia.
   Vida de oración.
5.- Subiendo al monte Calvario.
6.- En la intimidad de la vida del Monasterio.
3. BAJO LA ACCIÓN DE LOS DONES DEL ESPÍRITU SANTO
4. VÍCTIMA SACERDOTAL.
APUNTE COMPLEMENTARIO.
EPÍLOGO.
ORIENTACIÓN BIBLIOGRÁFICA.
CRONOLOGÍA DE SOR TERESITA



NOTA PREVIA

Antes de invitar al lector a adentrarse en estas páginas que ponemos en sus manos, sobre una monja de clausura, que el previo estudio psicológico nos autoriza a presentar como "todo un carácter", parece oportuno comenzar por una nota previa, que sirva de orientación sobre los sentimientos que, sencillamente, han motivado dichas páginas, y que en cierto modo sirvan de justificante ante quienes duden de la actualidad y sentido de lo que contienen.

No se nos oculta que esbozar un ensayo sobre la semblanza espiritual de una monja de clausura, en aras de su ejemplaridad personal, no es un buen reclamo para llamar la atención y mover la curiosidad de los lectores posibles. Después de todo, es lógico y natural que una monja contemplativa haya protagonizado una vida ejemplar a ultranza, rozando a menudo lo heroico, y con destellos de santidad personal. Tal vez, sí se diera el caso de la presencia de gracias y dones extraordinarios, que llaman la atención, más por vía de curiosidad y admiración, que por vía de devoción, moviese a algunas personas a interesarse por ella. Pero no es este nuestro caso.

En el itinerario espiritual de Sor Teresita del Niño Jesús se cumple también el dicho del libro de los Proverbios: "Muchos portentos en el corazón del hombre, pero sólo el plan de Yahvé se realiza" (19,21). La fuerza de su ejemplo se basa en que supo encajar su proyecto de vida personal en los planes de Dios, a los que se sometió magnánimamente. El hombre tiene que planear y proyectar en su vida, pero dejarlo todo después en manos de Dios. Bueno será recordar el consejo ignaciano: "Poner los medios como si todo dependiera de nosotros; dejárselo a Dios como si todo dependiera de Él". Sor Teresita elaboró un plan de vida, con la mira puesta en el cumplimiento de la voluntad de Dios. Pero supo dejar en las manos del Señor el cumplimiento de su plan. Desarrolló al máximo sus cualidades personales para que sirvieran al máximo a la gloria de Dios y bien de los demás.

Capítulo aparte merece lo que entendemos por fuentes de espiritualidad, es decir, las corrientes de teología espiritual que con carácter, más o menos decisivo, influyeron en la orientación de la vida espiritual de Sor Teresita, y que constituyeron su fundamento. Ante todo y sobre todo la Sagrada Escritura, piedra angular en la construcción del templo de Dios vivo que se lleva a cabo en la vida de sus siervos. Sigue en interés y fecundidad un intenso sentido mariano, asimilado desde muy jovencita, construida a base de vigorosa fibra filial para con la Madre de Dios. A continuación hay que mencionar la orientación del carisma dominicano, cuya Regla y Constituciones profesó para toda la vida, y que fue el patrón sobre el que organizó su vida, siguiendo el ideal de Santo Domingo. Y la peculiar incidencia que tuvo en su vida la iluminación recibida de la doctrina del camino espiritual personificado y anunciado por Santa Teresa del Niño Jesús, la doctora carmelita de Lisieux.

No es de extrañar que Sor Teresita, del monasterio de Daroca, se nutriese de una profunda dedicación al conocimiento de la Palabra de Dios escrita. Forjó en si misma una honda espiritualidad bíblica. Lo que sí llama la atención es la nítida visión con que se adelantó a las enseñanzas del Vaticano II, cuando aún no se había generalizado en muchos sectores el uso general de la Biblia. "El Santo Sínodo recomienda insistentemente a todos los fieles, especialmente a los religiosos, la lectura asidua de la Escritura para que adquieran la ciencia suprema de Jesucristo (Flp 3,8)", pues "desconocer la Escritura es desconocer a Cristo", como enseña San Jerónimo 1 , y confirma San Agustín cuando escribe que "en las Escrituras aprendemos sobre Cristo, en las Escrituras aprendemos sobre la Iglesia" 2 .

Por esto, Pío XII en su Divino afflante Spiritu, hizo una cálida invitación, en 1943, a todos los fieles para que se sustentasen del pan de la Escritura, a fin de progresar en el conocimiento y amor de Dios 3 . Precedente indiscutible del apoyo prestado por el Vaticano II al conocimiento y difusión de la Sagrada Escritura como fuente de vida espiritual.

Signo positivo de vida espiritual es la verdadera devoción a la Virgen. Quienes conocieron y trataron a Sor Teresita, siendo testigos de su entusiasmo por todo lo que se refiere a la Madre de Dios, aseguran que su amor a María, la "Señora", como acostumbraba a llamarla, era un resorte siempre a punto de saltar. No se limitaba a un amor cara adentro, sino que se proyectaba hacia los demás en un elevado sentido de vida apostólica en la línea del Vaticano II. Como hija fiel de la Iglesia, y siguiendo las huellas de María, asimiló sus ansias de alumbramiento de almas para la salvación eterna. "La Iglesia en su labor apostólica, se fija con razón en aquella que engendró a Cristo, concebido del Espíritu Santo y nacido de la Virgen, para que también nazca y crezca por medio de la Iglesia en las almas de los fieles. La Virgen fue en su vida ejemplo de aquel amor maternal que es necesario que estén animados todos aquellos que, en la misión apostólica de la Iglesia, cooperan a la regeneración de los hombres" 4 .

Sor Teresita lo intuyó y lo valoró, aun antes del Concilio. Lo vivió con plenitud de entrega. Toda su vida fue una constante inquietud apostólica, en clave de vida de oración y sacrificio, en el ambiente místico de la vida contemplativa.

Otra fuente en la que sació su sed de Dios, fue la que brotaba del carisma que define la espiritualidad dominicana. No podía ser de otra manera, pues no era más que la consecuencia lógica de su consagración religiosa a través de la Orden de Santo Domingo. Las monjas y los frailes habían recibido de su Padre una robusta vocación apostólica, hasta el punto de haberla convertido en la suprema razón de ser de su vocación. Tenían un claro paradigma en la vida de su mismo Fundador, Domingo de Guzmán.

De él escribió Jordán de Sajonia: "Hacía frecuentemente a Dios una súplica especial, que se dignara concederle la verdadera y eficaz caridad para cuidar con interés y velar por la salvación de los hombres"5 .

Y fue precisamente el deseo de cooperar a la salvación de las almas lo que, llevó a la joven Felisa Pérez de Iriarte al monasterio, entre cuyos ascéticos muros cristalizó su vida de monja contemplativa al servicio del bien espiritual de los hombres, traduciéndose en mucha oración, mucha penitencia, generosamente entregada al ejercicio de la caridad para con el prójimo, entre sus hermanas del claustro.

Fidelísima a la espiritualidad dominicana orientada siempre a las exigencias de la salvación de la humanidad, contó Sor Teresita con el ejemplo y la doctrina de Catalina de Siena, en cuya vida se respiran verdaderas ansias de "infinitud". Se mantuvo siempre a tono con su línea y sus orientaciones de buscar siempre a Dios, teniendo presente que Dios, es amor infinito, y como dice Santa Catalina: "Dios que es infinito, quiere infinito amor e infinito dolor" 6 . Siempre el ser humano, por propia naturaleza, un ser finito, sólo puede respirar aires de infinitud a través del deseo, que, de por sí, no tiene límites. Por esto a la Santa de Siena le gusta hablar del "deseo infinito" de amor.

Sor Teresita llegó a rozar cotas muy altas de un amor a Dios que aspiraba a lo infinito. Sabía que de él derivaba un gran bien para las almas. Y aunque en manifestaciones externas se veía limitada por los condicionamientos de la clausura, nada impidió que las expresiones de caridad para con el prójimo, a que da pie la vida doméstica dentro del monasterio, estuviesen animadas de un deseo infinito de amor a Dios.

A la influencia que recibió de Catalina de Siena hay que sumar la que recibió de Teresa de Lisieux, cuyo nombre popular hizo suyo Felisa al ingresar en la vida religiosa, y profesar con el nombre de Sor Teresita del Niño Jesús. Eran años aquellos en los que la joven monja carmelita deslumbraba la sociedad cristiana con un camino espiritual que tenía todos los trazos de un nuevo modo de seguir a Cristo, a base de una jugosa orientación apostólica dentro de la vida contemplativa.

De Santa Teresita aprendió Sor Teresita la riqueza espiritual que contiene la ofrenda victimal de si misma. Desde el noviciado mismo vivió la joven dominica la fuerza de la victimación, y la secundó.

Hizo suya Sor Teresita la conocida observación de la Santa, cuando dijo: "Comprendí que el amor encerraba todas las vocaciones, que el amor lo era todo, que el amor abarcaba todos los tiempos y todos los lugares, en una palabra, ¡que el amor es eterno!". Movida por este mismo amor llegó la devota monja dominica de Daroca a la misma conclusión que Santa Teresita: "No soy más que una niña, impotente y débil. No obstante, es esta misma debilidad la que me inspira la audacia de ofrecerme como víctima de amor, ¡oh Jesús!".

Ahora bien, el amor es eminentemente operativo, y da pie para obras grandes. Pero el camino de Santa Teresita no se cifra en un amor grandilocuente que pueda deslumbrar. Correría el peligro de alejar a los seguidores. Es preciso que sea un amor "que se abaje hasta la nada, transforme en fuego esta nada". Amor que engrandece lo más pequeño e insignificante. Por esto, confiesa: "No tengo otro medio de probar mi amor que arrojando flores, es decir no desperdiciando ningún pequeño sacrificio, ninguna mirada, aprovechando las más pequeñas cosas, y haciéndolas por amor" 7 .

El que nos hayamos propuesto analizar la espiritualidad de Sor Teresita del Niño Jesús, O.P., teniendo encuenta las fuentes que la habían impulsado, no nos autoriza a deducir que carece de originalidad, o que se limita a ser un reloj de repetición. Todo lo contrario. Supo como monja unir lo importado a toda la riqueza de su briosa personalidad. Y gracias a esta fusión consiguió sacar un gran rendimiento de los dos: lo autóctono y lo asimilado. El resultado fue un todo compacto, en el que los componentes, perfectamente conjugados entre sí, prestan un excelente servicio a la verdad, de la mano del amor.

Antes de pasar a las páginas de presentación de nuestra heroína, es necesario dejar constancia de algunos aspectos de carácter fundamental, y de la verdadera dimensión de las páginas que siguen.

Ante todo, proclamar que en esta semblanza espiritual de Sor Teresita del Niño Jesús, O.P., no pretendemos en modo alguno adelantar un juicio sobre su santidad personal, que corresponde a la Iglesia dar previos los trámites oportunos. Sometemos, pues, de corazón las páginas de este libro al dictamen definitivo del Magisterio de la Iglesia.

Por otra parte, advertir al lector que no se halla ante un escrito de tipo histórico. La historia está escrita magistralmente y con carácter definitivo por Don Jesús López Medel en su libro "Vivir con amor en la verdad. Sor Teresita del Niño Jesús, una dominica de nuestro tiempo" publicada por la Sociedad de Educación Atenas, en la colección Testigos de la Fe, nº. 7, y que lleva ya tres ediciones, 1987, 1990, 1995, ampliamente ilustrada. Obra insustituible para quien quiera conocer la biografía de Felisa Pérez de Iriarte Casado, en religión Sor Teresita del Niño Jesús, y el medio ambiente que la rodeó.

Por lo que respeta a este ensayo sobre su espiritualidad hemos de decir que se basa sobre testimonios recogidos en las Actas del Proceso canónico, sobre numerosas declaraciones juradas, e informes personales de testigos fidedignos y de toda solvencia que trataron a la protagonista cuya vida y virtudes han dado pie al presente volumen. Por un elemental sentido de prudencia que el lector comprenderá con facilidad, hemos prescindido de dar los nombrase de los testigos, respetando sus propias palabras, pero evitando las posibles interferencias con material reservado a la Santa Sede.

Interés de la Iglesia es recalcar que la llamada a la santidad es universal, que los santos en su diversidad son muestra de que está al alcance de todos, sin necesidad de manifestaciones extraordinarias. Sor Teresita del Niño Jesús es una muestra de ello. Todo es posible con la gracia de Dios.


1. D.V., nº. 25, SAN JERÓNIMO, In Isaiam Prohpetam (1-2). Si enim juxta apostolum Paulum (2 Cor 1,24). Chistus Dei virtus est Deique sapiencia; et qui nescit Scripturas, nescit Dei virtutem ejusque sapientiam: ignoratio Scripturarum ignoratio Christi est. P L 24,17
2. SAN AGUSTÍN, Epístola CV "Donatistis", P L 33,41.
3. PIO XII, Divino afflante Spiritu (1943) DOCTRINA PONTIFICIA I. DOCUMENTOS BÍBLICOS, (Madrid - BAC- 1955. Pág. 559). "Apaciéntese también con este mismo espíritu las mentes de los fieles, para sacar de él conocimiento y amor de Dios y el propio aprovechamiento y felicidad de sus almas".
4. LG., nº. 65.
5. JORDÁN DE SAJONIA, "Orígenes de la Orden de Predicadores" (Madrid - BAC -Vol. 490 - 1987, Pág. 88). Santo Domingo de Guzmán.
6. SANTA CATALINA DE SIENA, "Il Dialogo" (Roma - Ediz. Cateriniane - 1968. Pág.5 y sgs.
7. TERESA DE LISIEUX "Obras completas" (Burgos - Edit. Monte Carmelo - 1989 7ª. edic.), pág. 230 y 232.