JESÚS LÓPEZ MEDEL * RECEPCION DEL PENSAMIENTO DE ORTEGA Y GASSET EN LA ESPAÑA CONTEMPORÁNEA
   

Inicia

Biografía

Sus obras

La Milicia

Reseñas

Separatas

Artículos

Daroca (Zaragoza)

Madre Teresita

Homenaje


 
 

Enlaces

   
 
 

FUNDACIÓN CULTURAL DE LA MILICIA UNIVERSITARIA.
(FUNDAMU)

 

RECEPCION DEL
PENSAMIENTO DE ORTEGA
Y GASSET EN LA ESPAÑA
CONTEMPORÁNEA

Jesús López Medel
Doctor en Derecho
Académico de la Real Academia de Doctores
General Consejero Togado del Ejército del Aire (R)


 Madrid, 20 de diciembre de 2005


 

Presentación

 

 La FUNDACIÓN CULTURAL DE LA MILICIA UNIVERSITARIA tiene hoy la satisfacción de contar como conferenciante con alguien que junto a su alto nivel profesional une la condición —obviamente muy grata para noso­tros— de ser miembro del Patronato de nuestra Fundación desde que esta se constituyó: Jesús López Medel

 Hacer una semblanza de Jesús López Medel y de su trayectoria profesio­nal, ceñida al tiempo —necesariamente breve— del que disponemos para tal empeño, creanme que no es, fácil tarea.

 Tras cursar el Bachillerato en Daroca —su ciudad natal— López Medel obtiene la Licenciatura de Derecho en la Universidad de Zaragoza, en 1949, y un año más tarde ingresa en el Cuerpo Jurídico del Ejercito del Aire, en el que llega a alcanzar el grado de General Consejero Togado.

 En 1954 ingresó en el Cuerpo de Registradores de la Propiedad y Mercan­tiles y fue titular de hasta quince Registros de otras tantas ciudades, desde Puente Calderas y Puebla de Sanabria —las primeras— hasta Reus, Zaragoza y Majadahonda.

 Obtiene el Doctorado por la Facultad de Derecho de la Universidad Com­plutense de Madrid, en 1958 y con la más alta calificación, al par que su Tesis doctoral, "Teoría del Registro de la Propiedad como servicio público" es galardonada con el Premio "Gascón y Marín".

 Fue Profesor de Derecho Natural y Filosofía del Derecho en la Universi­dad Complutense y, más tarde se encarga de la Cátedra de Filosofa v Meto­dología de las Ciencias Sociales.

 En este campo de la docencia universitaria, el Profesor y Doctor López Medel acredita dilatada e intensa actividad.

Profesor en Méjico, Cátedra Recaséns Siches. Profesor Visitante en otras doce Universidades Hispanoamericanas. Profesor Europeo. Diploma de la F.E.D.E. en 1974. Profesor de la Sociedad de Estudios Internacionales. Profesor del Instituto de Filosofía del Derecho, Universidad de Córdoba (Argentina). Profesor y Director de Cursos en la Universidad Internacional "Menéndez Pelayo" de Santander (1952-1978). Profesor y Director de Semi­narios en la Universidad Hispanoamericana de La Rábida, 1952-1967. Con­sejero de las Instituciones "Fernando el Católico", "Francisco de Vitoria", del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Profesor de Derecho Registra/ en CEIL (Madrid) para postgraduados. Miembro Permanente de la Comisión General de Codificación (1963-1975). Vocal de la Comisión Per­manente del Consejo Nacional de Educación (1972-1976).

Presidente Electo de la Federación Europea de Centros de Enseñanza (1973-1978) y actualmente Presidente de Honor de la misma. Coordinador de Escuelas de Habla Hispana ISA-UNESCO (1975-1980). Miembro de la Sociedad Chilena de Filosofi'a, 1982. Premio Nacional de Literatura, 1962 (para ensayos político-sociales).

 Y no menos importante es su actividad en el campo jurídico y del Dere­cho:

 Secretario de la Comisión de Justicia de las Cortes Españolas de 1963 a 1976 y miembro de la Comisión de Defensa. En este período, ha sido Ponente en diferentes Leyes de reestructuración administrativa y adscrito en proyectos especiales de Ordenación Rural, Ley del Suelo, de la Vivienda, legislación civil, mercantil y penal y ponente en la Compilación Aragonesa de 1964. Asi­mismo, en la Comisión de Educación colaboró en distintos Proyectos o Leyes Especiales sobre Educación y Universidad.

 Becario de la Fundación March, para el "Estudio sobre la Universidad Española", publicado por el Instituto Balmes de Sociología en 1967. Funda­dor y Miembro de la Junta Directiva de la "Asociación Española de Derecho Agrario" y de la Revista de Derecho Agrario y Alimentarío, con participación en varios Congresos Iberoamericanos e Internacionales.

 Cuenta con más de ciento cincuenta trabajos publicados, la mayor parte (72) en materia de Filosofía y Ciencia Jurídica, en el "Anuario de Filosofia del Derecho" y en "Anuales de la Cátedra de Francisco Suárez", y en mate­ria de Filosofía y Política de la Educación.

 Asistente a multitud de Congresos y Encuentros internacionales de carác­ter científico. Ha participado en, diversos países, en Congresos Mundiales de Filosofía Jurídica y Social, Derecho de Familia, Derecho Foral, etc., con presentación  de Ponencias en todos ellos. Miembro asistente a los Congre­sos Mundiales de Educación que organiza la "International Schools Asso­ciation".

 En Hispanoamérica, (visitada en cinco ocasiones), fue promotor jurídico de una Federación Latinoamericana de Educación. Participó en las Escuelas Latinoamericanas de Consulta Registral, y explicó esta materia en la Uni­versidad de Lima. En Italia realizó estudios de Sociología Rural (Traviso, 1964).

 Miembro de distintas Academias tanto nacionales como internacionales y conferenciante en los Ateneos de Madrid, Santander, Zaragoza y en Colegios Mayores.

 Ha escrito artículos en periódicos y revistas nacionales, y provinciales Forma parte del Consejo de Redacción de varias revistas (Educadores y Dere­cho Agrario y Alimentario. Ha colaborado en la revistas Razón Española, Verbo, Arbor,  Ciencias de la Educación, Indice, Atlántida, Nuestro Tiempo, Razón y Fe, Fomento Social, Revista de Estudios Políticos, Revista Notarial, Revista Crítica de Derecho Inmobiliario, Revista ICADE, Revista General de Legislación y Jurisprudencia, Anuario de la Universidad María Cristina de San Lorenzo de El Escorial, Revista del Poder Judicial, Noticias de la U.E.).

 Confio en no haber olvidado mencionar nada, al menos en lo más desta­cado, de la biografía de Jesús López Medel, General Consejero Togado del Servicio Jurídico del Ejercito del Aire, Doctor en Derecho, Profesor Universi­tario, Registrador de la Propiedad, articulista, conferenciante y miembro dis­tinguido del Patronato de la Fundación Cultural de la Milicia Universitaria.

Pablo González Liberal
Presidente de FUNDAMU


 

RECEPCION DEL PENSAMIENTO DE ORTEGA Y GASSET
 EN LA ESPAÑA CONTEMPORANEA

 

 Jesús López Medel
 Doctor en Derecho
   
Académico de 1a Real Academia de Doctores
 General Consejero
 Togado del Ejército del Aire (R)

 

 

 

España, problema. Europa, solución

          Se han cumplido cincuenta años de la muerte de don José Ortega y Gasset --18 de octubre de 1955—. Se puede mantener que haya sido el filósofo espa­ñol del siglo XX, más universal. Desde luego, en el ámbito europeo e his­pánico. Era, además, un gran escritor, con una sólida formación cultural. Su evolución filosófica —pues no pretendió ser un "sistema cerrado", ni escribir propiamente un "Tratado de Filosofía"— pasa del neokantismo que él digiere directamente y no como los krausistas, a un acercamiento a la fenomenología de HUSSERL, hasta coronar una Metafísica: la vida como realidad existen­cial radical, situando al hombre y "sus circunstancias", pero sin que aquéllas --las circunstancias— destruyeran o ahogaran su propia personalidad. De ahí el acercamiento que tuvo a tantas realidades de la Vida, desde el Amor, el Arte y la Ciencia, a los Toros, o la Enseñanza. La Política —con mayúsculas—, situada en España, como "problema, aunque Europa fuese la solución", había de estar también, fuertemente, entre sus preocupaciones. Además de los antecedentes político-familiares —por ambas ramas— y por la recomendación de su padre, director de "El Imparcial" y "El Sol", en cuyas columnas dejaba lo mejor de sus reflexiones casi cotidianas. El ángulo de tiro acerca de España siempre fue alto, como intelectual, no como el del "político", que suele andar por el "subsuelo" y con frecuencia tratando de confundir en los problemas, en lugar de darles solución

Estudios filosóficos y jurídicos. Alemania a la vista

          Si Ortega se presenta hoy, como un filósofo universal español, puede decirse que todo en él es filosofía, aunque lo fuera de las cosas, de las gentes. de las masas, del arte, de la técnica, de la ciencia. Su "despertar", su soñar e iluminar con España, ha sido evidente. Tanto cuando recorría las tierras —Cas­tilla, Aragón, Cantabria, Vascongadas, Andalucía, etc. --, cuando se presentó y estuvo en el entierro de Joaquín Costa, en Graus (Huesca). Cómo pensaba en reconquistar la cultura y ciencia para España, idea que ya manifestó en su primer viaje a Alemania. Buscaría ponerse en contacto —entonces— con el idealismo alemán, y en defensa de una cultura como principio para el desarro­llo de la ciencia, en España. A través de una pedagogía.

          Licenciado en Filosofía y Letras, en 1902, año en que a su vez tiene fecha para su expediente de Derecho en la Complutense, quedándole alguna asig­natura, por razones que explico en mi obra "Ortega y Gasset en el pensa­miento jurídico" tercera edición. De. Dykinson, Madrid. 2003. En aquel 1902, empieza su relación con Rosa Spottorno, hija del un Ministro Togado de la Armada, de familia católica. Con aquélla, contraerá matrimonio, en la capilla de sus padres, con rito católico, y con la promesa de educar a sus hijos en la religión católica —como así fue—, en atención y a su declaración de "acatólico".

          Fue a Alemania con una beca de la Junta de Ampliación de Estudios. ¿Su aspiración? Saber toda la filosofía. Directamente, con los grandes maestros de entonces. Leipzig, primero; Berlín, luego. A Kant le da la vuelta. Diría alguna vez. "Estoy en, de, con, por, por si, sobre, tras... Kant". Acaso haya sido el primer español que lo estudiase en serio, aunque también estuvo en contacto con Simel, Von Hartmann, Husserl, Heidegger. Las interpretaciones acerca de Dilthey. Max Weber, y Max Scheler, como se trata de escudriñar ahora, siguen vivas y son de gran interés. Ortega es un sistema abierto. Todo idealismo — que le pudieron llevar al pórtico de un liberalismo—, repristinado luego por la fenomenología y los valores de Husserl (un cierto liberalismo social), hasta reencontrarse asimismo con la metafísica de la vida, ésta vista como realidad radical y perspectiva.

          Precisamente en esta plenitud filosófica, iluminando las realidades que la sociedad de su tiempo le mostraban y le sacudían, la recepción de su pensa­miento, ya entonces —y sigue sucediendo ahora—, ha estado acuciada, por su propia preocupación por España.

          De aquellos estudios de Derecho que su padre, reiteradamente, le acon­sejaba que hiciera, se podían sacar muchas consecuencias. En general, el orteguiano filosófico no ha querido o sabido, o podido penetrar, acerca de las consecuencias de una superación creciente de los conceptos y reflexio­nes sobre el Derecho y la Justicia, calificados en algún momento de primera época, como "cuento chino". Posiblemente, la intención paternal se apunta en las biografías de sus tres hijos —Miguel y José— y pudo estar en vislumbrar una posible dedicación a la política, tanto por los antecedentes familiares, como por el cauce de opinión, que desde El Imparcial, luego en El Sol, disponía Gil Munilla (V. Zamora Bonilla, Madrid, 2002).

          De alguna manera, hay una relación o interdependencia —pocos estudios—, que nosotros la conocemos también por nuestras "Mis conversaciones con Recasens Siches" (V. "Ortega" Madrid, 2004, págs. 230 y ss.). Fueron pro­bablemente Recasens, junto a Legaz Lacambra los primeros iusfilósofos que recibieron la influencia orteguiana, lo que ha sido, también, posteriormente, analizado por otros trabajos, aunque no se alude, o se desconoce, a la circunstancia de "sus" estudios sobre el Derecho, en su formación universitaria, aca­démica o de investigación. (V. "¿Qué es filosofía?" "El hombre y la gente" donde hay algunos datos más específicos de la receptividad y de conocimiento de Ortega en el mundo de lo jurídico)

Aproximación a la política

          De la misma manera que Recasens, sin dejar de ser él mismo, se había contagiado por Ortega de un quehacer nacional, liberal republicano, activo, colindante con el de Ortega, desde el establecimiento de la II República, su aproximación es mayor. Recasens fue el primer Director General de Adminis­tración Local, encargado por Alcalá Zamora, según los periódicos de la época, de mentalizar en las zonas rurales, el espíritu del nuevo régimen. Y así también participó en el Congreso de los Diputados, sosteniendo las tesis cercanas a Ortega, con mayor dedicación que éste. Volvamos de nuevo a nuestro Ortega.

          En su famosa conferencia, en 1914, "Vieja y Nueva política" aterriza más en concreto. Su análisis sobre la situación y diagnóstico sobre su superación es España, sería digno de recordarse hoy. No obstante, el paso más decidido —y acaso obligado para él— pudo ser su conferencia en el Caserón de San Ber­nardo, de Madrid, desde el "púlpito" que lo era de la Residencia Provincial de los PP. Jesuitas, convertida en Paraninfo de la Universidad Central, sobre "Misión de la Universidad" Propugnó la reforma del Estado, partiendo de la reforma de la sociedad, y de ésta desde la Educación y de la Universidad. Sin embargo, terminó con un "delenda est Monarchia ", expresión romanista que desapareció en el texto publicado con aquél título. Se reprodujo, en cambio, en el artículo «El error de Berenguer" como frase final, del que se ha dicho que constituye uno de los mejores de la prosa en la literatura española. Sirvió, a su vez, de palanca "fundamentalista" para el llamado "Pacto de San Sebastián", y poco más adelante para la proclamación de la II República, un 14 de abril de 1931.

El intelectual y el político

          Antes de entrar en los pasos concretos, hay que escuchar al propio Ortega. Interesa resaltar la dignidad, profundidad, claridad, persuasión, y éxito que el filósofo había dado a su pensamiento, ya cada vez más con signos de uni­versalidad. Sus obras "La rebelión de las masas" (1930), o "España inverte­brada" 1927, habían sido traducidas a varios idiomas, porque su diagnóstico y radiografía de la sociedad era muy preciso, iluminador —diría Gomez de la Serna— ¿Cómo fue posible su salto a una actividad política, de espectador de un pensamiento?.

          En un momento determinado, Ortega, que no dejó de interesarse ni un momento sobre la política española, tanto en sus columnas periodísticas, como en sus conferencias, se había hecho la siguiente reflexión. "La demo­cracia responde a esta pregunta: ¿Quién debe ejercer el poder público?. La respuesta es: el ejercicio del poder público corresponde a la colectividad de los ciudadanos. Pero en esa pregunta, no se habla de la extensión que debe tener el poder público. Se trata sólo de determinar el sujeto a quien el mando compete. La democracia propone que mandemos todos... El liberalismo, en cambio, responde a esta otra pregunta: ejerza quien ejerza el poder público, ¿cuáles son los límites de éste?... Frente al poder público, a la ley, al Estado, el liberalismo significa un derecho privado, un privilegio". ("El genio y la guerra alemana" 1917, II, págs. 424-5).

          Hay otros textos en los que vemos al filósofo acercarse más a las cuestio­nes más peculiares de la "cosa pública". "El Estado —dice en "La política por excelencia" 1927, III, pág. 456-, no es más que una máquina situada dentro de la nación para servir a ésta. El pequeño político tiende siempre a olvi­dar esta elemental relación y cuando piensa lo que debe hacerse en España, piensa en rigor sólo lo que le conviene hacer al Estado y para el Estado... ". Más adelante, en términos que resultan hoy de actualidad, afirma: "En defi­nitiva, quien vive es la nación. El Estado mismo que tan fecundamente puede actuar sobre ella, se nutre a la larga de sus juegos... Cabría decir que un Estado es perfecto, cuando, concediéndose a sí mismo el mínimo de ventajas imprescindibles, contribuye a aumentar la vitalidad de sus ciudadanos....Lo que debe ambicionarse para España en hora como ésta, es el hallazgo de instituciones que consigan forzar al máximo el rendimiento vital de cada ciu­dadano español" (Idem, pág. 457).

          Junto a estas reflexiones, y otros muchos textos, se encuentra este otro, que puede ser medular para situar el propio momento, o las propias reservas de Ortega: "Ni este volumen ni yo somos políticos. El asunto de que aquí se trata es previo a la política y pertenece al subsuelo. Mi trabajo es oscura labor sub­terránea de minero. La misión del llamado "intelectual" es, en cierto modo, opuesta a la del político. La obra intelectual aspira, con frecuencia en vano, a aclarar un poco más las cosas, mientras que la del político suele, por el contrario, consistir en confundirlas más que estaban". ("La rebelión..." tomo IV, pág. 130).

          A pesar de los propios límites que Ortega parece ponerse, de lo que hasta la llegada de la II República parecía un "embalse", comienza pronto, como veremos, en "torrente", primero, posibilista —con la "Agrupación al Servicio de la República" (y. especialmente, la obra con aquella rúbrica, de Margarita Márquez Padorno, Madrid, 2003), y después, responsable y digna la discusión sobre el problema escolar, la cuestión religiosa, la reforma agraria, y el Esta­tuto catalán— para terminar en la soledad y el silencio. Veámoslo.

 

Del Congreso de los Diputados a la soledad y el silencio

          Se llegó a barajar su nombre para primer presidente constitucional, pero la izquierda y la derecha se pusieron de acuerdo para que lo fuese don Niceto Alcalá Zamora, que había sido ministro de la Monarquía y abiertamente cató­lico. La "Agrupación al Servicio de la República", pese a que Ortega dudaba si debió o no convertirse en partido político —como, entre otros, recomendaba el profesor Gaos— hizo echarse a la arena al magno filosófico e intelectual. Fue diputado por León —bien visto por Justino de Azcárate— y también por Jaén, aunque renunció a esta plaza andaluza. Presidente de la Comisión Constitu­cional del Congreso de los Diputados, tuvo intervenciones muy destacadas, especialmente sobre el artículo 26, referente a los derechos de la Iglesia en materia de enseñanza —acaso con más enjundia que la CEDA—, y sobre el Estatuto para Cataluña. Frente a la tesis ingenuamente posibilista de Azaña, Ortega entendía que era "un problema" dentro de la autonomía de las entida­des locales o regionales, que habría de "conllevarse", para evitar el riesgo de descuidar la unidad de España.

          Criticado y zarandeado por la derecha e izquierda, en 1933, aceptó la "soledad humana e intelectual", mereciendo, con ocasión de sus primeros veinticinco años en la Cátedra, (el conocido "Homenaje y reproche de José Antonio". Aquellos dos debates —entre otros, los de la educación religiosa y el Estatuto catalán— fueron, especialmente, los que provocaron su repliegue total de la política activa. No sólo por los sucesos, a veces trágicos, como incendios de iglesias y asesinatos, etc., sino, además, porque a ORTEGA no le iba la mediocridad, la mentira, la incorrección, el egoísmo, la falta de seño­ría, el permisivismo, lo "revolucionario", o la corrupción, Aunque tampoco fuese entendido el "elitismo y aristocracia democráticos", o el "amor por lo distinto", como Isabel Ferreiro nos acaba de ilustrar en la revista Razón Espa­ñola, octubre de 2005. No puede ser comprendida su obra, sino en el propio contexto histórico en que su pensamiento "iluminador" va desarrollándose, y en los propios ciclos de nuestra patria, como "empresa universal". Sofisti­cadamente se ha tergiversado su "conservadurismo", su "izquierdismo". su "laicismo", su "Dios a la vista", y su "gran amor a España", cuya superación, reforma, o engrandecimiento instaba siempre a los jóvenes, enseñándoles a pensar.

          En el "exilio" —obligado por las amenazas y riesgos, que se le anunciaban como a otros republicanos ilustres, los asesinados Melquíades Alvarez, o Rico Avellán, éste miembro de la Agrupación, o Ledesma Ramos— permaneció en prudente silencio, más allá de las vicisitudes políticas. La II Guerra Mundial le obligó a pasar de Francia a Portugal, hasta su regreso en 1946, con su confe­rencia en el Ateneo, de Madrid, en la que sé se refirió —en el lenguaje retórico que dominaba— a la "indecente salud española" En el Instituto de Humani­dades, siguió con extraordinario éxito, dando lecciones recogidas en "Una interpretación de la Historia Universal" con precisiones interesantes —acaso con la influencia de Recasens Siches, su gran discípulo, entre los filósofos juristas— frente al positivismo, al formalismo, al historicismo y al relativismo jurídico. Su magna obra sigue siendo abierta, no sólo a la investigación, sino a la meditación, porque en muchos puntos —incluso cruciales— respiran actua­lidad.

Signos de la receptividad de la obra orteguiana

          En este año de 2005, como al principio decíamos, al cumplirse el cincuen­tenario de la muerte de don José Ortega y Gasset, y setenta y cinco de la aparición de la obra "La rebelión de las masas" ha habido una oportunidad para transmitir a la sociedad su menaje, su pensamiento. No es mi misión aquí hacer una crónica ni un detenido balance, aunque sólo sea como sintomático del atractivo —o de las dificultades— y aun reservas para una penetración más real, no ya en la sociedad española, sino en el ámbito universitario. Reseño algunos datos, con independencia de algunos cuadernillos y noticias en varios periódicos al respecto.

          1."Razón Española" revista fundada por Gonzalo Fernández de la Mora, que fue, entre otros intelectuales de la "derecha", uno de los que primeramente se han adentrado en el pensamiento orteguiano con naturalidad. (v. nuestra obra, "Ortega y Gasset..." Págs. 209 y ss), en el numero de septiembre-octu­bre 2005, ha publicado dos estudios. Uno, de Pedro C. González Cuevas, titu­lado "En torno al conservadurismo orteguiano" y otro, de Isabel Ferreira "El amor por lo distinto en la obra de Ortega y Gasset" (La obra de esta ultima profesora, "Teoría de los usos en Ortega" 2002, ha quedado muy enriquecida y completada en la nueva edición de 2005, de tal manera que ha desbordado la óptica primordialmente sociológica, para dar un contenido más trascendente a lo orteguiano).

           2. El libro "Meditaciones sobre Ortega y Gasset" promovido por los profe­sores de la Universidad de Sevilla, Fernando de Llano (filósofo del Derecho), y Alfonso de Castro (profesor de Derecho Romano), a iniciativa personal y privada, que nació –según manifestó de Castro en su "presentación", el día 21-10-2005–, como desagravio a la prohibición por el Rector de Sevilla, en 1925, de una conferencia que iba a dar Ortega sobre "El mito de don Juan". Como se dijo en otro momento, entre los autores ni están los que son, y ni son todos los que están, aunque esto ya no fuera selección de los editores. El encuadramiento del tema es acertado: lo "filosófico", lo "iusfilosófico", y lo "sociopolítico". Aunque por la manera en que se ideó la obra, no es un libro con sistema. Por eso, acaso predominan algunos estudios sesgados en lo polí­tico, faltan los referentes a Julián Marías, o a los filósofos católicos.

          3. El Congreso Internacional "Ortega medio siglo después: 1955-2005. La recepción de su obra" Madrid, octubre de 2005. Muy sobrecargado. Inaugu­rado por el Rector de la Universidad Complutense, Carlos Berzosa –primer rector de aquella universidad calificado de la izquierda–, y clausurado por el Rector de la Universidad Autónoma, Angel Gabilondo, al día siguiente de que éste impusiera el birrete de doctor honoris causa, a Santiago Carrillo. Bien organizado por el equipo de la Fundación Ortega y Gasset, con temas y comunicaciones sobre la recepción de Ortega en España, en América, referi­das a diversas dimensiones y trayectorias: la ética, la política, la pública, en la Europa Continental, etc. Además de los citados anteriormente, Margarita Márquez fue una buena coordinadora, como lo es el libro citado, su tesis doc­toral sobre "La Agrupación al Servicio de la República" la cual, por cierto, en general, está ausente, de los comentaristas de la recepción de Ortega en los ámbitos sociopolíticos actuales.

          La Mesa Redonda final, sobre la "Actualidades y perspectivas de la obra de Ortega" fue moderada por Jesús Sánchez Lambas, Secretario General de la Fundación, contando como ponentes, a Salas, Garcia Gomez, Sanchez Camara, y Zamora Bonilla, verdaderos especialistas.

          4. La obra con el título Dos visiones de España. Azaña, Ortega Madrid, 2005, con prólogo de José María Ridao, de gran actualidad en estos momen­tos de la vida constitucional y estatutaria de España referida al Estatuto de Cataluña, cuestión a la que nosotros hemos prestado atención más profunda, en nuestras conferencias en el Casino de Madrid (septiembre de 2005), en la Real Academia de Doctores de España, 2004 (en compañía de Miguel Ortega Spottorno), y en el Colegio Mayor San Pablo, de Madrid, 2004, entre otras instituciones. Algunos de los puntos claves han quedado analizados anteriormente. Aunque –creo– no se le ha dado, o no ha interesado más reflejar autén­ticamente las ideas de Ortega, referentes a los temas de la Nación, el Estado, la unidad de España, el federalismo, el separatismo, todo lo cual, en su discusión parlamentaria, le produjo a Ortega, gran desgaste y esfuerzo. (En la obra de José Larraz, jurista, financiero y estadista, también hubo coincidencias, en el ámbito financiero, presupuestario, etc.)

El prologo de Miguel Ortega Spottorno

          Sin sentenciar, ni entrar en calificaciones, porque todo evento tiene luces y sombras, quisiera traer aquí, algo de lo mejor de lo que hasta la fecha ha servido este recordatorio de los años 50 de la muerte de Ortega y Gasset, que compendia, resume y completa, y en su caso clarifica, no pocos de los puntos y páginas dedicados a la conmemoración. Aunque la figura de don Miguel haya quedado ocultada, salvo como prologuista de la obra sevillana Medi­taciones sobre Ortega y Gasset y una alusión en la presentación –el Prólogo merece la pena para ser leído y releído, y aun meditado–. Miguel, con sus noventa y cuatro años –recién superada una enfermedad–, llamado por don José, su "arcángel", el hermano mayor, médico, acompañante del filósofo, en muchos lugares de España y de fuera de ella, algo ha dicho de presente y de futuro: como era, vivía, o pensaba su padre. Los pocos que le acompañamos algunas tardes, en su caso, en tertulia abierta, podemos disfrutar de la hidal­guía, el afecto, la serenidad de juicio, que como reflejo de la de su padre, el nos ha dejado en ese Prologo. Del cual nos permitimos –en recuerdo escrito y como homenaje– recordar algunos textos. Porque aflora algo de lo que tanto, a veces eruditamente se busca. No el "Ortega, problema", sino  "la verdad de Ortega":

          "Mi padre fue un hombre íntegro que vivió siempre en absoluto sen­tido de la dignidad, la modestia y la austeridad. Amó profundamente a España, a la cual sentía, desde lo más profundo de su ser y de su alma, como su verdadera circunstancia. Como médico e hijo suyo, siempre sospeché que las enfermedades más serias que le aquejaron a partir de su salida de España, se debieron, entre otras razones, a la pena que le producía el mal ambiente social y político que se vivía en su patria, cuyo futuro veía muy incierto. Incluso después de la guerra civil, tras su retorno del exilio, se mostraba preocupado y pesimista por el lamen­table estado en que se encontraban los españoles después de todo lo pasado... Quiero dejar muy claro, una vez llegados a este punto, que los Ortega-Spottorno éramos personas de centro-liberal, es decir, gente que era, en general, mal vista por la derecha y por la izquierda, de manera que en los momentos más complicados para nuestra familia, especialmente durante los años del exilio y de la posguerra, jamás tuvi­mos contactos con el régimen de Franco, ni tampoco con la oposición socialista o comunista.

          Desde el punto de vista humano, la escala de valores de mi padre no era, felizmente, nada ordinaria ni convencional. En las relaciones sociales no se movía por interés y le gustaba rodearse de gente honesta y vital (Aquí viene una retahíla selectiva de nombres destacados). Pese a que su compromiso con la regeneración de España llevó a mi padre a intervenir activamente en la vida pública, nunca pretendió conver­tirse en un profesional de la política, quizá por su peculiar forma de entenderla. . . Para mi padre no había nada más peligroso que la invertebración de España o el riesgo de que la democracia cayera en el desenfreno....Recuerdo que cuando se hizo la Constitución de la II República, expresó su desacuerdo con el fondo y la forma en que ésta se había redactado Literalmente me dijo que había sido redactada por "botarates" ("hombre escandaloso y con poco juicio ", según el Dic­cionario de la Real Academia) Y luego me dijo: no funcionará la Cons­titución ni un día. Hubo que hacer la Ley de Defensa de la Republica. No le quisieron oír. Tenía en su cabeza muy claras las diferencias entre federalismo, autonomía y soberanía... era un verdadero disparate y expuso la diferencia entre autonomía y federalismo... La autonomía regional la empezó a propagar muchos años antes...(la "redención de las provincias" ...) Nada salió bien...Los españoles somos muy dados —vuelvo una vez más a lo que me decía mi padre— a "hacer las cosas a destiempo". La política, decía con frecuencia, es una actividad dema­siado compleja y extraña a un intelectual...En su opinión, la Universidad debía ser el poder espiritual, para la sociedad, servir a esta como instancia representativa de la enseñanza superior, y como elemento de transmisión de la cultura... Valoraba las pequeñas cosas de la vida, le gustaba vivir, estar rodeado de su familia, gozar de la conversación de los amigos, de la buena música, del paisaje, de los paseos, de la observación, como espectador de los seres humanos, que hallaba a su alrededor y todo para él.fue motivo de meditación, término que le era muy predilecto... Al redactar este prólogo... a mi mente han acudido vivencias e imágenes que yo creía olvidadas, pero he tenido la oportu­nidad de reafirmar un sentimiento y una convicción: que tanto mi padre como mi madre han sido las personas que más he amado y de las que más he aprendido toda mi vida... tras su desaparición todo lo demás me pareció algo secundario y perteneciente a otro sistema de catego­rías. Sirvan estas líneas y —si se me permite— también este libro, como homenaje a su memoria".

Enseñar a los jóvenes a pensar en España

          Habitualmente cuando estas reflexiones o meditaciones llegan a su parte final(1) además del Prólogo de su gran hijo Miguel, a nivel universitario y aun académico, me suelen preguntar que nos diría, que nos haría, que nos sugeriría Ortega, hoy. Naturalmente, algo tendría que decir, porque llevaba siempre en su pensamiento una pedagogía social. Estarían en su mente, la globalización, la técnica y la vida humana, la corrupción, las normas no vividas, la univer­sidad, el estructuralismo, el Islam, el fracaso escolar, etc. Por mi parte y para cerrar este estudio, me permitiría apuntar que acaso, lo más entrañable o lo más deseado de Ortega, en esta hora de España, de fines de 2005, sería ense­ñar, especialmente a los jóvenes, a pensar en España. Al fin y al cabo, como nos diría García Escudero "Ortega es posesor de un estilo, que más o menos fielmente interpretado, es el nuestro".

 

(1)   En "Heraldo de Argón" (Zaragoza, de 18-10-2005). encontrarnos lo siguiente: "Heraldo hace 50 años. Muere don José Ortega y Gasset. Ha muerto en Madrid el ilustre filósofo  don José Ortega y Gasset. Le acompañaban en ese momento sus hijos, hijos políticos y hermana. Desde ayer se hallaba en estado de coma y su vida se fue extinguiendo apaciblemente y  sin dolores. Ha estado asistido espiritualmente por el religioso agustino reverendo padre Félix García, quien le administró los Sacramentos y, finalmente. la extrema  unción. El entierro será  mañana, con arreglo al rito católico, en la Sacramental de San Isidro"
 

 

Inicio Anterior Siguiente

 

 


http://jesus-lopez-medel.es/pag04-12.html

 


Webmaster: Jesús Burillo Albero