JESÚS LÓPEZ MEDEL * Homenaje al Dr. Miguel Ortega Spottorno (hijo de D. José Ortega y Gasset su "arcangel"
   

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Homenaje en Madrid al doctor Miguel Ortega Spottorno,
hijo de don José Ortega y Gasset, su "arcángel"(I)

PRESENTACIÓN

EL DÍA * Tenerife
31 DE ENERO DE 2007

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Homenaje celebrado el 30 de noviembre de 2006 en la Real Sociedad Matritense de Amigos del País, de la que era socio. Texto resumen por el introductor-moderador, Dr. Jesús López Medel, premio nacional de Literatura y autor de "Ortega y Gasset en el pensamiento jurídico", III Edición, Madrid 2003 y "Universidad, Política y Milicia en Ortega y Gasset". Madrid 2006.

Volveré a citar al sociólogo de Berkeley, Laswel, cuando aconsejaba, ante una lección o problemática, preguntarse por el quién, por qué, para qué y cómo. La respuesta, aquí y ahora, para mí, es gozosa, en todos los sentidos: el recuerdo y homenaje a don Miguel Germán Ortega Spottorno, hijo de don José, el más universal de nuestros filósofos del siglo XX, y de Rosa, guapa, religiosa, "lo mejor de sí mismo" le gustaba decir al gran filósofo. En esta misma casa de la Matritense, y acaso en el mismo sillón, Miguel cerraba un acto de homenaje (19 de noviembre de 1987) a don Gregorio Marañón, con quien tanto colaboró como médico-director del Instituto de Patología Digestiva. Sus palabras finales fueron: "Saber es entender y no querer saberlo todo". (Muy orteguiano). Y al referirse a don Gregorio, sobre su amor por los libros, recordó una cita, de alguna manera evangélica, referida al sentido de perfección inserto en el hombre. "Casi -decía don Miguel- como el nacer las obras directas de la mano de Dios".

Acaso no sea muy conocido que el segundo nombre era Germán. Quizá, por haber nacido en Marburgo, el 25 de mayo, fiesta de San Germán, y desease su madre, Rosa, que llevase el nombre del santo del día. El de Miguel le vino a su padre por el deseo de ensamblarlo con Miguel de Cervantes. En todo caso, el apelativo de "su arcángel" derivaba de la compenetración con su hijo: su médico, su conductor, su amigo, su fiel "tertuliano" –su fotógrafo--.

Despacho de D. José Ortega y Gasset, con objetos y detalles
orteguianos que han servido de ambiente a los sucesores "tertulianos"
en casa de su hijo Miguel Germán

Nació el homenaje de la espontaneidad, de los que hemos sido sus "tertulianos" habituales, un día a la semana, en su casa, en el despacho en el que quedan libros, enseres, fotografías, documentos, objetos, los cuales, en su conjunto, servían de ambiente "orteguiano".

Acaso sin pensar, como continuación de las tertulias que don José prodigaba a lo largo de su vida. Siempre en compañía de Miguel. Ahora, era éste quien nos ofrecía su casa; con nuestra conversación y nuestra amistad; con el anecdotario, o la opinión certera, o lo que su padre "diría", o su padre "pensaría" ahora. Nosotros fuimos el último llegado; fue a raíz de su compañía en esta Real Sociedad Matritense, en la que presentaba un libro sobre Ortega y el Derecho. Fue la suya una invitación generosa, sincera, espontánea, sin apenas conocernos.

Sé, y no exagero, de don José Ortega y Gasset,  lo que no está en las biografías o en los libros. Contrastado por su pasión y lealtad de hijo,

no sólo por su hagiografía, bien conocida, sino además, por ese prólogo a la obra "Meditación sobre Ortega", que, con ocasión del cincuentenario de su muerte, se editó en Sevilla por uno de los participantes en este acto, Fernando de Llano. Prólogo que ha resultado ser una de las mejores radiografías, intelectual y humana, de don José Ortega y Gasset. Se ve el cariño y compenetración con el filósofo, pero también la calidad personal, ética y moral de su hijo Miguel.

A los pocos meses de aquel Prólogo excepcional, enfermó. La tertulia seguía siendo su cita entrañable. Luego le visitamos en las clínicas o residencias en las que Gisela, su querida esposa, hacía guardia permanente. Al fallecer, con Gisela y su sobrina Paloma estuvimos en el panteón del cementerio católico de San Isidro, de Madrid, donde reposan los restos de su padre, don José. Promovimos el funeral en la parroquia de La Milagrosa, regida por los PP Paules, a la que con frecuencia acudía con Gisela. El tertuliano y catedrático emérito de Historia del Derecho Rafael Gibert ofrecería una homilía "laica", preciosa, memorable, que llamó la atención de los asistentes y del propio P. Superior, quien hizo la homilía religiosa. Miguel estuvo asistido espiritualmente y recibió la Santa Unción. (Otros tertulianos hicimos las lecturas y las plegarias).

A la derecha del Excmo. Sr. presidente de esta casa, don Ramón Muñoz González y Bernal de Quirós, y a mi izquierda tenemos hoy a Gisela, la esposa de Miguel, su compañera durante largos años. Ha sido su vida, su dedicación, con finura y delicadeza germanas, un apoyo exquisito, compartiendo muchas alegrías y también los sinsabores que el apellido ilustre de su hijo llevaría consigo, en el orden familiar, institucional y humano. Y, a su vez, para los "tertulianos" era gozoso el verla entre nosotros, y nosotros con ella. Nos parecía oirla, cuando físicamente no estaba, o que Gisela anduviera entre cortinajes; o al abrirnos la puerta de su casa. Ahora, hoy, insiste emocionada, sentada en el mismo sillón cuando Miguel me acompañó en la presentación del libro citado, que, por cierto, está incorporado ya a la Enciclopedia de la Real Academia de la Historia en la bibliografía orteguiana. Hemos querido, y ella aceptado, que compartiera el homenaje. Como si la tertulia saliera de su casa en Martínez Campos. Como si Miguel escuchase nuestra conversación, y aquel pusiera su punto de luz, de aire fresco, de serena

anécdota o de fecunda ironía. Siempre "iluminando", nunca "conduciendo", como lo haría don José.

Como moderador-introductor, he de dejar en silencio no pocas cosas, personas, anécdotas y reflexiones filosóficas y políticas. Quiero agradecer a esta casa y a su presidente la acogida. A los asistentes, académicos o no, su compañía (Manuel Fraga y Esperanza Aguirre, entre otros -físicamente no han podido acompañarnos-). Y un especial agradecimiento a los participantes de la mesa redonda: a María Isabel Ferreiro, profesora de la Fundación de Ortega y Gasset y autora de varios estudios, entre ellos su "Teoría de los Usos y el Derecho"; a Ángel D'Olano, ilustre periodista, conocedor e historiador del mundo intelectual orteguiano; Fernando de Llano, el profesor citado, de origen cántabro, afincado en Sevilla, quien tuvo la feliz idea del Prólogo de Miguel para el libro sobre Ortega; el Dr. Fernando Pardo, médico-colaborador suyo en el Instituto de Patología Digestiva, y que nos hablará, espero, de esa faceta científica de Miguel, seguramente merecedora de un sillón en la Real Academia de Medicina; Rafael Gibert, recordado anteriormente, el más antiguo de la tertulia, que nos descubrirá o descifrará el trenzado de facetas, virtudes y dimensiones de Miguel, en un contexto histórico, cultural y humano; y Luis Mª Ansón, de la Real Academia de la Lengua, y que en algún tiempo tuvo frecuente relación con Miguel. (Estos dos últimos, Gibert y Ansón, no pudieron asistir materialmente, pero los textos preparados fueron leídos por el tertuliano Francisco José Serraller y por nosotros).

Finalmente, reiterar que muchas de las cualidades de Miguel, liberalidad, generosidad, claridad, bondad, podrían provenir de una manera de ser hijo, y de ser patriota. En los últimos años se le veía preocupado por España, en el porvenir espiritual, social y político. Como creyente, estará gozando de Dios. Era su esperanza y la de sus tertulianos y amigos.

Jesús López Medel
Premio Nacional de Literatura

 

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