JESÚS LÓPEZ MEDEL * Homenaje al Dr. Miguel Ortega Spottorno(IV) Hombre renacentista
   

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Homenaje al
Dr. Miguel Ortega Spottorno (IV)

Hombre renacentista

EL DÍA * Tenerife     
27 DE FEBRERO DE 2007     

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Decía Dilthey que "la vida es una compleja trama de azar, vida y carácter". Estas palabras del vitalista filósofo alemán acuden a mi mente cada vez que intento recordar cómo se produjo mi primera entrevista con el Dr. Ortega Spottorno, mi querido y admirado don Miguel. Si esta frase diltheyana me resulta especialmente recurrente es porque estoy convencido de que en mi primera visita al hogar de don Miguel y su esposa, doña Gisela (tras la cual se sucedieron a lo largo de tres años algunas más), intervinieron en parte la fortuna o el azar, algo tuvo que ver el destino y, por supuesto, el carácter hospitalario, bondadoso y receptivo de mis anfitriones. Meses antes de aquella visita había comenzado a preparar un proyecto puramente orteguiano al que don Miguel habría de poner un broche de oro: el prólogo a un libro colectivo conmemorativo del cincuentenario de la muerte de su padre, el filósofo español más grande de todos los tiempos: don José Ortega y Gasset.

Debo confesarles que nunca agradecí suficientemente a don Miguel el obsequio que me hizo como coordinador de la obra con su precioso y emotivo prólogo, a la sazón, su última publicación, ni las horas que me dedicó hablándome de sus recuerdos de infancia y juventud, momentos dorados vividos junto a sus padres, quienes, según su propio testimonio, fueron las dos personas a las que más quiso durante su vida. Quienes conocimos a don Miguel -todos los que estamos hoy aquí para honrar su memoria- sabíamos que había heredado de su padre el sentido de la dignidad, la distinción y la decencia, la calidez, en el trato, la elegancia en la palabra, y un espíritu tolerante e ilustrado que le compelía a estar siempre puntualmente informado de todos los avatares de la vida pública y de la problemática de su tiempo (o bien, evocando el título de uno de los primeros libros de Ortega y Gasset, "El tema de nuestro tiempo". He hecho referencia al espíritu ilustrado de don Miguel porque creo que encarnaba perfectamente las virtudes de aquellos hombres de ciencias del Renacimiento y la Ilustración que cultivaban magistralmente también las buenas letras y la filosofía. Como primogénito de Ortega y discípulo de otros médicos intelectuales como los doctores Gregorio Marañón y Teófilo Hernando (cofundadores junto a su padre de la Agrupación al Servicio de la República), don Miguel completó su formación como médico especialista en enfermedades del aparato digestivo con una amplísima cultura adquirida de la atenta lectura de los clásicos del pensamiento y la literatura.

 


         
Ortega y Gasset  en una pose fotográfica muy suya. Lo inédito es la botella de vino que en la composición fotográfica, quiso ponerle su hijo Miguel, ya fallecido su padre. La anécdota,  es que estando Miguel sentado en la Kurhaus de Bad Hamburgo, se le acercó un amigo, para invitarle a un vino de Rheinhessm que llevaba el nombre de su padre, “Cosecha Ortega”. El origen o causa es que el bodeguero de la zona, Sr. Breider, había asistido a un curso de D. José. Al darle las gracias, le anunció, que iba a plantar unas cepas, con distintos injertos –“Múller-Thurgan y Sieger”. El Instituto Alemán del Vino, le envió a Miguel unas botellas de “Cosecha Ortega”, cuya presentación se hizo en el Congreso Gastronómico de Hannover.

          (Nota. Este testo es síntesis del documento inédito “Ortega y Gasset y el vino alemán”, redactado por el Dr. Miguel, con aquel motivo, y al que ha tenido acceso el coordinador Jesús López Medel).

Al igual que otros ilustrados célebres, como Jean Jacques Rousseau, Immanuel Kant, Johann Wolfgang Goethe, y -ya en el siglo XX- José Ortega y Gasset, don Miguel quiso mantener regularmente en su casa la tradición de las tertulias en las que desde la pluralidad y el respeto a las ideas de los demás, siempre imperaron la libertad de pensamiento, el diálogo y la educación, valores estos, por cierto, que -especialmente en estos días tan extraños e inciertos- deberían ser reivindicados con más frecuencia para contribuir así a moderar y racionalizar la agitada vida política española. Para concluir con esta semblanza, que, con el mayor de los afectos, he tratado de hacer del perfil humano e intelectual del Dr. don Miguel Ortega Spottorno, quisiera apuntar que, como saben perfectamente quienes le conocieron o hayan leído al menos su fascinante biografía sobre José Ortega y Gasset (que tiene también mucho de relato autobiográfico), don Miguel no sólo supo hacer honor durante su recorrido vital a sus apellidos, sino que también hizo justicia a los dos nombres con los que fue bautizado: Miguel -como revela su padre en el "Prólogo para alemanes"- como homenaje a "un amigo mío, un español profundo que anduvo por los caminos del mundo, ocultando bajo la sonrisa más cordial el corazón más doloroso: Miguel de Cervantes y Saavedra", Germán por haber nacido un 28 de mayo, día en que se celebra la festividad de San Germán de París, la "ciudad de la luz", con la que su padre tuvo siempre una especial relación, y por evocarle la cultura germana que, tanto Ortega como su primogénito, ampliaron estudios tras licenciarse en la Universidad de Madrid (el primero en Filosofía y el segundo en Medicina). Para este menester, don Miguel se desplazaría hasta Friburgo de Brisgovia, en cuyo instituto de Patología se especializaría bajo la dirección del Prof. Ludwig Aschoff.

Como resultado de este fructífero período de investigación, el Dr. Ortega Spottorno publicaría el primero de una larga serie de trabajos de su especialidad, un libro científico que se convertiría en un modelo de referencia para varias generaciones de estudiantes e investigadores de Medicina, y que llevaba por título "Vitaminas como biocatalizadores".  Su hidalguía, su prestigio profesional y su carácter moderado le convertirían años después en miembro del Consejo Privado de don Juan de Borbón, y también de su secretariado hasta el momento de su disolución. Sin embargo, pese a definirse como un "liberal de centro", don Miguel -fiel a su actitud tolerante e independiente (lo suyo sí que era un verdadero talante)- nunca militó en partido político alguno. Por eso mismo pudo permitirse siempre el lujo de valorar con criterio propio y plena autonomía los acontecimientos más relevantes de la vida pública y académica, de los que estuvo plenamente informado hasta el último momento de su ejemplar vida.

 

 

Piblicado en la Revista Occidente

Desearía terminar, si ustedes me lo permiten, con las mismas palabras con las que culminaba el obituario que escribí, con pesar, apenas recibí la noticia, a través de doña Gisela, de la desaparición de su esposo, y es que, por encima de su honestidad intelectual y de su brillantez y competencia profesional, don Miguel fue para todos los que tuvimos el honor de disfrutar de su amistad, parafraseando a su admirado Antonio Machado, "un hombre bueno, en el buen sentido de la palabra".

Fernando Llano Alonso
Profesor de Filosofía Jurídica de la Universidad de Sevilla

 

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