JESÚS LÓPEZ MEDEL * Homenaje al Dr. Miguel Ortega Spottorno(X) Crónica
   

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 Homenaje al Dr.

Miguel Ortega Spottorno(X)
Crónica

EL DÍA * Tenerife
16 DE ENERO DE 2007

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          Una serie de circunstancias hacen que la actualidad de Ortega y Gasset se renueve. Bien por el atractivo en los países con empuje inusitado -China, países del Este, la India, África- bien por los cincuenta años de su muerte, con la consiguiente conmemoración académica y universitaria. Bien por algunos de sus atisbos iluminadores sobre el hombre, la rebelión de las masas, la relación de la Técnica, de Ciencia, de la Razón o el Arte. O bien, porque los modos de vida y de la globalización, etc., nos están preavisando de la ausencia de un pensamiento, de un filósofo, o de un intelectual que nos diera claridad para evitar que de la confusión pudiera salir -como casi siempre- una mentira o una injusticia.

El Dr. Ortega (a la derecha) con su esposa Gisela (a la izquierda),
en una "segunda juventud" de ambos.
En la playa de San Juan (Alicante)

          Estos últimos términos orteguianos, los recordamos nosotros expresamente en el homenaje que en la Real Sociedad Económica Matritense de Amigos del País, que preside Ramón González y Bernal de Quirós, le tributamos -el 30-11-06- a su socio Miguel Germán Ortega Spottorno, el hijo mayor de don José Ortega y Gasset. Fallecido hace pocos meses, a los noventa y cuatro años de edad, había sido Jefe del Servicio de Patología Digestiva en el Instituto de Patología Médica de Madrid -Hospital de San Carlos- que dirigía el doctor Marañón, con quien, como con el doctor Hernando, le unía una entrañable amistad.

          El homenaje lo habíamos promovido quienes fuimos sus amigos tertulianos, que semanalmente, en su casa, en algunas ocasiones acompañado de su esposa Gisela, disfrutamos de su acogida, de su bien pensar, prudencia, aliento y compañía. Antonio D´Olano nos recreó con los antecedentes de otras tertulias en las que su padre -a quien siempre acompañaba Miguel-, reflejaba el Madrid, intelectual o político de otros tiempos. La profesora de la Fundación "Ortega y Gasset", María Luisa Ferreiro, nos relató los primeros encuentros con Miguel, con la naturalidad, la sencillez y la humanidad de quien había vivido pegado al gran filósofo español del siglo XX. El doctor Fernando Pardo, hoy en Lugo, y que fue ayudante suyo en el ejercicio de la Medicina, -sanidad pública y privada-, destacó su clarividencia mental y su gran curiosidad para estar al día en sus conocimientos científico-médicos, su trabajo cerca del Dr. Marañón. Tuvo -nos cuenta- dos momentos difíciles: el peligro en que se encontró don José en julio de 1936, hasta verse forzado a  abandonar su domicilio familiar en varias ocasiones, sin que la propia Residencia de Estudiantes de la calle Pinar, le diera seguridad de sobrevivencia. Afectado ya por un proceso biliar, que el hijo Miguel trataba, le obligó al exilio. Y otro, el familiar, al fallecer sus tres hijos, Miguel, Carmen y Magdalena, del primer matrimonio. El catedrático emérito de Historia del Derecho, Rafael Gibert, intervino -representado por el tertuliano Francisco Serraller- con un extenso discurso, destacando sus condiciones humanas, profesionales y anímicas, y el ambiente en que se desarrollaba la tertulia, como continuación de las que también don José Ortega y Gasset tuviera en su casa de Bárbara de Braganza y a las que asistían personas y personalidades que han llenado parte de la Historia de los últimos setenta años. Hizo alusión al libro hagiográfico "Ortega y Gasset, mi padre", que debería volver a editarse. Mereció ser Académico de la de Medicina. También recordó los antecedentes políticos y periodísticos de su familia, su afición a los toros, su participación en la guerra civil como teniente médico, su paso por el Consejo Privado de don Juan en los momentos finales de la Guerra Civil Española, y los diversos propósitos de que se reincorporase don José a la Cátedra de Metafísica. Su concepción liberal le llevaba a comprender a los demás, escuchar y con su ejemplaridad, de ser escuchado. Fernando de Llano, quien había patrocinado el Prólogo -por Miguel- a la edición de un libro en el 2004, "Meditación sobre Ortega y Gasset" destacó como Miguel era un hombre de su tiempo y que había heredado de su padre la dignidad, la distinción, la calidad de trato, la elegancia en la palabra, y encarnaba las virtudes de los hombres del Renacimiento y de la Ilustración. Habló de sus estudios de Medicina en Friburgo de Brisgovia, en el Instituto de Patología, cuyo director era el Dr. Luwing Aschoff, realizando trabajos de investigación publicados con el título de "Vitaminas como biocatalizadores". Luis María Ansón, no pudo asistir por un pleno con votación en la Real Academia de la Lengua, y envió unas cuartillas, destacando sus bondades humanas, su talante liberal, abierto y comprensivo, su paso por el Consejo Privado de don Juan como hombre independiente, su juicio sereno y hombre de bien. Su esposa Gisela asistió en la presidencia a todo el acto, y a la que los tertulianos entregaron un ramo de flores. Cerró el acto con unas entrecortadas palabras. Recontó Miguel que cuando iba a morir don José, le dijo: Miguel, ¡que poco tiempo hemos estado  juntos! Y ahora, -terminó Gisela- puedo idénticamente exclamar: "Miguel, ¡Que poco tiempo hemos estado juntos!":

          En este homenaje, sin duda, se han dicho cosas importantes para Miguel Germán Ortega Spottorno. Y también para su padre don José, y para su tiempo. Mi experiencia personal como tertuliano y amigo, --me acompañó siempre a actos académicos o universitarios en las que Ortega tuviera una relación--, es que muchas ideas orteguianas cobran su mejor sentido, se colorean, o se aclaran, con la óptica de su hijo Miguel. Asintió siempre a mis apreciaciones u opiniones, y me han dado gran tranquilidad para las que yo llamo "Mis tres navegaciones sobre la obra de Ortega, especialmente por lo que se refiere a su pensamiento en lo Jurídico, en lo Espiritual y en lo Político. Ortega, además, nunca dejó de tener presente a Dios". Tanto el padre como el hijo. Del primero lo atestigua su hija Soledad a Julián Marías, y del segundo nos atrevemos a afirmarlo "los tertulianos".

Miguel Ortega Spottorno, a la izquierda,
con su padre Don José Ortega y Gasset,
quien tenía a su hijo, como "su" arcángel

          En sus últimos años, acompañado de Gisela, solía ir a misa a la parroquia de los Padres Paules. Alvarez Romero en “TESTIMONIO DE Vida y América”.- Madrid 2004, incluye una carta inédita, (de fecha -03-05-1991), en la que D. José pide a su hijo, entrañablemente “que sea un temperamento religioso, algo digno de ser llamado  así”. Y preocupado por la situación de España, que le hacía recordar los primeros años de la II República. "Esto se pone fatal", era una acotación habitual. Era una impresión que procuramos contrastar con la de los tertulianos. Lo que su padre podría pensar apenas lo que quería translucir.

Jesús López Medel
 
Vicepresidente de la Sección de  Derecho
de la Real Academia  de Doctores de España

 

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