Jesús López Medel

Académico

puerta

De niño: en las «Anas» de Daroca


¡Que gozo poder escribir unos retazos de mi infancia en el Colegio de Religiosas de Santa Ana, jun­to a las MM. Dominicas... «palo­marcico» de Sor Teresita. Años 1930-35... ¡Ayer!. (Volver a recordar para volver a vivir). Ahora están niños, que serían nuestros nietos. Y los Padres de Alumnos no habrían aún nacido.

Esa etapa coincide con mi abrir los ojos, conscientes, al mundo. El de los primeros DATOS. Esos que se guardan indelebles. Casi mejor ya que los de hoy mis­mo: iba a los «monines». Un aula que dirigía la Madre Cleofé, mi primera profesora. Llena de carácter y bondad. Extraordina­ria educadora. Luego pasé a manos de la Hermana Angeles, más viva, menos profunda, más suelta. (Andando el tiempo, por los 70 tendría ocasión de entregarle la Medalla de Honor de la Profesión Docente y la de Alfon­so X el Sabio). Las dos —Herma­nas Cleofé y Angeles-- pedago­gas excepcionales. Otras, no lo eran menos: la Hermana Dolores, para los párvulos gratuitos (nosotros pagamos «dos» pese­tas por estar unas horas más en el Colegio). Muy CITADA EN sus «memorias» por el tío Jesús). Y las Hermanas Santos, Sofía (pia­nista), Elvira, Gripina. Asunción (cocinera). Francisca, Rosa y Victorina... (No sé si me dejo alguna). Estaban dedicadas a otros múltiples menesteres esco­lares. especialmente con las chi­cas «vigiladas», o no. (Las de pia­no abonaban 6 pesetas, las otras 4 ó 5 pesetas).

La educación era... CONTINUA­ción de la de la familia (como una segunda escuela. Antecedente de lo que ahora parece un invento «moderno». Con un MENSAJE pedagógico, cristiano: Los hijos son creación de Dios, a través de la familia. Ella, por sí misma, edu­ca. La escuela no hace sino ayu­dar, completar, prolongar, perfec­cionar... lo que en la familia se hace. Para aderezarla mejor (no para manipular la conciencia y la mente de los niños a estilo Robes­pierre. o las ya arrumbadas doc­trinas de la ideología marxista sobre la educación).

Allí, entre la estufa de serrín y algún brasero —en los invier­nos-- , aprendí a leer y a escribir. A recitar y a orar. Me lo enseñaron muy bien, porque en el 35, en los Escolapios con el P. Valencia, me pusieron en las primeras filas y en el 37 hice el ingreso en el BACHILLERATO en Zaragoza. (En lo que era Colegio del Salvador, convertido en hospital de san­gre).

Toda la educación de las men­cionadas Hermanas estaba con­cebida sobre la premisa de cari­ño, de la alegría, del amor a los niños. A cada cual según sus necesidades. O sus habilidades. Mi familia era sencilla --cartero de la zona—, cristiana. Deseosa de poner en sus hijos lo mejor. PROMOCIONAR la familia a través de los hijos. Sin presiones. Con sacrificio me inyectaron una ilusión. Y las religiosas-educadoras no hacían más que «provisionar» de medios y conocimientos al «chico» que quería «estudiar».

En el primer año solía bajar al Colegio con mi hermana Socorr¡to, quien iba con la Hermanas Santos y Elvira. Como nos caía algo lejos. mi madre. Patrocinio, nos preparaba un bocadillo. En la zona de jardín, lindando con los corrales (hoy inexistentes). Nos lo tomábamos al mediodía, y seguía las clases de la tarde. Así lo hacía también Pepito Guillén Pardos, mi gran amigo de niño, luego de universitario (fallecido al final de su carrera de Derecho en ZARAGOZA). Otros, como los Pellés, o los hermanos Coscullue­la, o Julián Fuertes, como vivían cerca. marchaban a comer a sus casas.

La pedagogía —como escuela católica-- era, además de la rela­ción aproximativa de la amistad y la comunicación, o de la ins­trucción en conocimientos y saberes, la educación: saber ser niños, educación para saber ser mayores. No habría grandes conocimientos ni especialidades. Mapas sencillos, pizarras nítidas y claras. Juegos. Plegarias —nos daban como un cestillo, en donde, al azar, tomábamos las «bo­las», que eran o de «gracias» o de «penitencias»—. Cuando empe­zaba la ambientación por el proceso de M. Rafols, que ahora ha concluido -1993-- hacia la Fun­dación iban dirigidas una buena parte de nuestras oraciones. O de nuestras «súplicas».

Allí aprendí, conocí y «admi­ré» a la Virgen del Pilar. En una capilla lateral, espléndida, que estaba a la derecha. Como segundo altar mayor (no existía la actual del Sagrario). Las religio­sas de Santa Ana, como su Fun­dadora, han tenido una devoción singular a la Virgen del Pilar. Y creo que de esa etapa INFANTIL me quedó una huella peculiar pilaris­ta. (Le ocurrió igual a mi tío sacerdote mosén Jesús…. Así luego, cuando vas a Zaragoza, al Pilar, con la Virgen que allí te encuentras, estás iniciado en la devoción. O te parece algo cono­cido.

La asistencia religiosa era de los PP. Escolapios. Bajaban de la Puerta Alta a la Baja. diariamen­te. En el año 1934, por citar uno de los que estuve, eran capellanes «volantes» los PP. Ruiz, Serra­no. Cueva. Enguita, Cardona, Gascón. Crispín, Félix. Alejo Hermanos. Tomás y Manuel Bruna. Fundamentalmente para la Comunidad. Me iniciaron en la preparación para la Primera Comunión. Pero la efectué en los Escolapios. 1935 (habíamos nacido en 1927, en el día del Cor­pus. en Daroca. El mismo año en que mi tio, mosén Jesús cantó su primera (misa). El Crucifijo que entonces llevaban las Hermanas —dorado-- sostenido en el hábi­to, era como una luz. Un guía. Sobre todo cuando ellas, las edu­cadoras. te lo ofrecían para besarlo.

Epoca compleja, difícil. Lle­gué al Colegio cumplidos los tres años. Consciente, INFANTILMENTE, de primera de infancia. En la que la imagen es el mejor estímulo. Pero no había Televisión, que —desgraciadamente— al menos en España, la «imagen» la convierten en «realidad», y que bom­bardea, deforma, destroza men­tes y corazones. Sí. recuerdo que no hubo clase en el día de la pro­clamación de la República, 14 de abril de 1931. ¡Era tal la alegría, las algaradas, las manifestacio­nes de esperanza! Que no se asis­tió a clase en aquella ilusión o el temor (en casa, mi padre, Manuel, pertenecía a los «carlis­tas” con otros, pocos. como el tío «Pasapero», «Dios-Baco», Gabriel Lázaro... y algunos más). Por nuestra casa en la calle Mayor recuerdo haber «entrev¡s­to” a don Romualdo de Toledo. don Jesús Comin. v no sé yo s¡ Falcón. Se celebraban Juntas de la Adoración Nocturna. Con Castells, REGISTRADOR. o Bruna: o Pérez Tenesa, cajero del Banco Aragón. Por el frío. llevábamos unas bufandas boinas, de colores. En esa etapa, cierto día lleva­ba yo una «colorada». (Creo que no tenía nada de boina carlista). Pero un mozo me dio un par de bofetadas y me la tiró al suelo. Con amenazas. (.-andando el tiempo. lo comprendí mejor. Porque quien fue el autor del suceso, más adelante seria uno de mis MEJORES AMIGOS en Daroca: me llevaría el bordón de la Ban­dera de la Esclavitud. v guardo de él unas «Cartas Cristianas” entrañables. Moriría en acciden­te en el arreglo de la iglesia de Valdehorna: se llamaba Ulmente)

En las «AnaS» me INICIÉ en la catequesis, en fe Y en las letras. Premios y sacrificios. Juegos y estudios... Los primeros conoci­mientos. Las primeras satisfac­ciones. Queda en una de sus aulas una placa que recuerda mi paso por el Colegio. Un ruego: Poned otras muchas. Pero no quitéis la «mía». Porque, en mi recorrido mundial por la Educa­ción, he visto muchas escuelas y centros. Pero ninguno tan her­moso como el de los «monines» de las Arias de Daroca. Ahí echó raíces la semilla. Gracias, pues.

Amigos y autoridades de Daroca: ayudad a esos padres y niños que confían, en libertad, la educación de sus hijos a las reli­giosas de Santa Ana. Porque es gloria de la Ciudad y un tesoro. Un futuro para sus alumnos.


Jesús López Medel
(Premio Nacional de Literatura
Presidente de Honor de la Federación
Europea de la Enseñanza)

------------ * ------------
Publicado en: EL DÍA S/C de Tenerife
DOMINGO, 25 de Abril 1993