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EL PONTIFICE FRANCISCO, UN PAPA CERCANO AL HOMBRE

  

Hemos hablado en otros momentos, en el sentido orteguiano, de las “circunstancias” que me llevaron a percibir los ecos finales del Sínodo de Obispos, octubre de 2012, en Roma. Mi conferencia del día 24 de enero de 2013, en la sede de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación, propiciada por la Pontificia y Real Congregación de la Purísima Concepción, versó sobre el tema principal de nuestra última obra "La emergencia de la educación en la sociedad contemporánea", como una de las “Propuestas” de los sinodales, con la fenomenología y datos complementarios pertinentes. Hemos anotado que el entonces Papa Benedicto XVI asistió con interés y asiduidad a sus sesiones. Que la documentación pasaría a ser analizada a los largo de un año, tras el cual el propio Papa la examinaría pastoralmente.

Posteriormente a la nuestra citada conferencia, el Papa Benedicto XVI renunció al pontificado el día 12 de febrero de 2013, con efectos desde el día 28 del mismo mes. Elegido el Papa Francisco el día 13 de marzo, tras un breve cónclave, pronunció su primera Misa y toma de posesión ante el pueblo y representaciones el día 19, festividad de San José. Estas líneas quieren anotar dos “circunstancias”. La primera, la referente a su elección. Sorpresa. O mejor, soplo del Espíritu Santo. Los analistas, vaticanistas o no, han podido elaborar un sin fin de aspectos sobre cómo y por qué se ha podido llegar a aquella “sorpresa”. Pronto surgirán, de buena fe o no, muchas interpretaciones. Sin contar nombres concretos –sería casi interminable— se ha resaltado su condición de ser un Papa servidor de los pobres, “capaz de llenar de ellos la basílica del Vaticano”. Otros, su condición de Pontífice latinoamericano, hijo de emigrante italiano. Muchos sobre su condición de primer jesuita, que excepcionaría la rivalidad histórica con los franciscanos (el Papa Clemente XIV, franciscano, quien disolvió la Compañía de Jesús en 1773). Algunos, por esa opción en su nombre y por sus primeras palabras o gestos, han querido contrastarlos, con los antecedentes de las encíclicas “Quadragessimo anno” o “Rerum novarum”, que llegaron a marcar una doctrina social de la Iglesia, pero que, según los comentaristas, llegó a ser desvirtuada, en buena parte, por el fascismo, de un lado, y por la avanzadilla de la teología de la liberación, de otro.

Quizá me quedaría con el criterio de Rafael Navarro Valls, en el artículo “Los desafíos del nuevo Papa”, El Mundo 12-3-2013, que en el fondo entiende, como el primero, el de “aumentar los activos espirituales de la Iglesia”. Nosotros, junto a estas ideas, la impresión más sobresaliente, que acaso encierran algunas otras, es verle como un Papa cercano al hombre, a todo hombre, a todos los hombres.

La segunda “circunstancia” concreta en que me encuentro sería atisbar si el Sínodo de Obispos 2012, y sus 58 Propuestas, tendrán continuidad, o preferencia, o aparcamiento temporales en las tareas y afanes del nuevo Pontífice. Naturalmente, no es momento para dar una respuesta, y menos urgirla. El Papa Francisco no estuvo, como Cardenal, en el Sínodo. Pero sí es sabido que el tema de la “emergencia educativa” y de la escuela católica, además de a Benedicto XVI, interesó mucho a los obispos latinoamericanos y algunos del continente africano. Y es de suponer que haya formado parte de la entrevista que tuvieron ambos pontífices.

Es más, precisamente por su condición de jesuita, habrá razones para entender que la superación de la pobreza no tiene un sentido estrictamente material. Porque entonces estaríamos en una emergencia educativa “cuantitativa”. La plenitud del hombre, en la sabiduría y el amor de Dios, está siempre en promoverle, como tal claramente afirmaría Battaglia en el siglo pasado, hasta donde puede ser capaz de llegar en una comunidad política”. Y, de alguna forma, esta idea está en la raíz de nuestro trabajo, y en la fenomenología de la emergencia educativa “cualitativa”, que es la que va a nutrir, a través de los valores, el vaciamiento del hombre de nuestro tiempo, si solo descubriese su “propia” verdad. Si ensanchamos el espectro del mundo cristiano, la educación ha de ser una palanca para situarlo con su formación, más cerca de la Verdad y del Amor a Dios. Y más integrado en la sociedad de su tiempo. 

JESUS LOPEZ MEDEL
Autor de "La emergencia de la educación
 en la sociedad contemporánea", 2013



                   

 
 
 
 

 

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