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ANTE GIBRALTAR: JUSTICIA Y FIRMEZA (y II)

 

Sobre esta materia, se cuenta la anécdota de la queja de Serrano Suñer, a Pérez González, ministros respectivos de Asuntos Exteriores y Gobernación, de que no le enviase más “guardias” en las manifestaciones de los estudiantes de Madrid al grito de “Gibraltar español”. No fue suficiente aquel patriotismo, entonces. Pero sí sería necesario ahora. Habría que hacer un examen de conciencia sobre la carencia de firmeza con que se ha actuado. Fuese por el ofrecimiento de buzos de levantar los hormigones de hierro con punzones –unas 100.000 toneladas de grava importada por Gibraltar de España en los primeros seis meses de 2013--, sean los máximos controles sobre el tráfico de divisas o narcotráfico, exacciones fiscales, los 1000 millones de euros de economía sumergida, o el contrabando del tabaco. (En mi etapa profesional en Algeciras, años 76, ya pudimos detectar los “llanitos” afincados en Sotogrande).

En esa posición de firmeza, me permito traer aquí una experiencia personal: hacia los años 69-70, en momento de tensión España-Gibraltar –bilateralidad que se convierte en “trilateralidad” con la entrada de los gibraltareños en las negociaciones, por decisión de Zapatero en presencia en Gibraltar de Moratinos--, se produjo un incidente entre un trabajador español, que resultó herido, y otros “llanitos”. La reacción del gobierno español fue de exquisita firmeza: convocados por Franco, el Ministro Sindical, Solís Ruiz, y del de Justicia, Oriol Urquijo, nos trasladaron la defensa del trabajador lesionado ante la corte gibraltareña, como Director de los Servicios Jurídicos Laborales. La verja estaba cerrada. Había sido el acto previo de firmeza y que debería continuar. Me entrevisté con el General del Campo de Gibraltar, figura política-castrense, que suponía siempre una alta posición de defensa y que acaso convendría, actualizada, restaurar. Con dos letrados, cuyos nombres recuerdo con gratitud –el penalista y profesor Mosquete, y el laboralista Adam— pasamos autorizadamente la verja. Recorrimos la larga calle. Me coloqué, tras saludar a la Corte, en primera fila. Fue un juicio, eminentemente oral, no procedimental. Se declaró inocente al trabajador español que aparecía como acusado y se condenó a los componentes de la acción. La firmeza judicial cayó como una bomba entre los trabajadores “llanitos”. (Al final de la visita a la Corte, nos acercamos a la catedral católica de Santa María La Coronada, en la Main Street, que aún conserva el escudo de los Reyes Católicos y esculpido el lamento español del histórico P. Romero).

Es sabido –lo relata Luis María Ansón— que según tenía dicho el Ministro de Asuntos Exteriores inglés, Gavek-Jonas, “el Parlamento británico respetará siempre la voluntad del pueblo gibraltareño”. De ahí la posición de Castiella y también la de Carrascal y algunos militares, que hay que plantear a fondo, con altura, el pacto de Utrecht. Y, mientras, equilibrar la hoy comodidad rentable  ante negocios fiscales fraudulentos y de otra índole. La verja es un acto previo a la descolonización-mandato de las Naciones Unidas. Los “llanitos” se situarán al nivel de los trabajadores de La Línea de la Concepción, que en aquellos años era el único sindicato horizontal, ajeno al izquierdismo de ahora. Justicia y firmeza ante un Gibraltar que nunca dejó de ser español. A lo sumo un base, conjunta, cooperante de la Base Aérea de Rota. Con la legalidad internacional –Naciones Unidas y Unión Europea, todo será posible, si hubiera voluntad política. Creo que es el criterio de mi viejo alumno Fernando Arias Salgado. También conviene recordar la obra “Por los Estados Unidos de Europa”, de José Larraz, 2006, con presentación de Manuel Pizarro, y nuestro prólogo. (Finalmente, mi adhesión al artículo “Las siete verdades sobre Gibraltar”, de Carrascal, Abc de 3-9-2013).

JESUS LOPEZ MEDE
Académico


                   

 
 
 
 

 

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