Jesús López Medel

Jurista

gargallo

Emergencia educativa ante extraños humanismos



El sentido transversal y operativo de la calificación por Benedicto XVI y aprobada como propuesta en el Sínodo de Obispos, Roma octubre de 2012, alcanza un mayor interés cuando se relaciona con lo que el académico y sacerdote González de Cardedal ha denominado “decálogo de un extraño humanismo” (Abc 1-9-2013), y que, significativamente, guarda cierta relación con el pensamiento de López Quintás. Uno y otro, recreando su pensamiento en el del Papa Francisco. Se trataría de penetrar no sólo en los aspectos sociológico-jurídicos o políticos de la emergencia pedagógica, tanto en su aspecto cuantitativo como cualitativo, sino en los nuevos rumbos antropológicos o religiosos, es decir, no meramente teológicos o éticos.

Esto opera, por de pronto, partiendo de un secuestro de un lenguaje, sea jurídico o humanístico, como ocurre con la tendencia a hablar de interrupción del embarazo, en lugar de aborto, o progenitores en lugar de padres. Pero aquella metamorfosis antropológica alcanza otros aspectos que con un signo aparentemente humanista desbordan o pueden desbordar las formas de carácter vital en que se desenvuelven la verdad, la fe y la libertad. Citaremos, además de los supuestos que preceden, alguno en particular:

También pude darse un “extraño” humanismo cuando se sustituye a la Iglesia como institución, por lo que Cardedal llama “comunidades de tanteo”, como necesidad personalista en la búsqueda de la verdad. O bien, a reemplazar la relación con Dios, con una historia a un Dios futuro, aunque se presente como última esperanza, como en los casos de Bloch de Motmann e incluso de Heidegger, o nuestro Ortega y Gasset.

A estos nuevos tipos de humanismo, como oportunidades de redescubrimiento interior, hay que situar todo aquello que evite las turbulencias de las olas, para que nos desarraiguen de la verdadera humildad cristiana. Y eso fundamentalmente puede equilibrarse o encontrase con el fomento y arraigo de una educación y formación, cada vez más cuantitativa o cualificada. Lejos de la novedad del abad de Cuernavaca, Ivan Illich, o del brasileño Freire, sobre “la escuela ha muerto”, y que tanto daño hicieron a la Iglesia, a mitad del siglo pasado. Por el contrario, como apunta ya el Papa Francisco, la emergencia escolar, además de llegar a todos, ha de hacerlo con ternura y pasión. Y es por ahí, en donde la ideologización de la educación debe tener su gran muro de contención, precisamente ante el despertar de los extraños humanismos que sofisticadamente la pueden corroer. Y a partir de ahí el camino del verdadero humanismo cristiano, encontrará cauces más seguros para el hombre de nuestro tiempo, y sus caminos o novedades, o sus desafíos, como los califica el Papa Francisco.



JESUS LOPEZ MEDEL,
 Académico