Jesús López Medel

Jurista

gargallo

Adolfo Suarez, amigo


Ha fallecido en marzo de 2014, el Presidente Suárez. Fue noticia “histórica”, la visita por los Reyes de España, a Adolfo Suárez, en el domicilio particular de éste. La foto del Rey y de Suárez, de espaldas, será de antología. Pese a no verse su rostro, Adolfo Suárez se ha dicho que se presentaba deportivo, jovial, juvenil, apuesto, persuasivo, coqueto, y cuidado de formas y de estilo. Aunque por la enfermedad degenerativa de hace ya años, Adolfo Suárez no se conociese a sí mismo. Ni tampoco a los Reyes. Sólo el contacto cariñoso le hace abrirse con cierta soltura y responder con igual afecto. Un especialista que tuvo relación al comienzo de su enfermedad, me preguntaba por la circunstancia de haberle entregado el Toisón un día anterior al 18 de julio, y también al relevo en la cúpula militar en aquel día. Difícil responder. Puedo trasladar aquí, sin ningún prejuicio, que cuando tras los funerales de Estado por Leopoldo Calvo-Sotelo, y con la nueva etapa de la ministra de Defensa, se anticipó la idea de suprimir los funerales de Estado, me vino a la mente Adolfo Suárez.

Lo que yo no me podía imaginar es que el Toisón no hubiese sido entregado mucho antes. Ahora, pasado el tiempo de la etapa de la dimisión de Adolfo Suárez, con todas las vicisitudes políticas, familiares y personales, aquél lo habría recibido como un niño grande, con la santa y sabia ingenuidad de quien recibe un cariño o un obsequio.

Conocí a Adolfo Suárez, ya en la etapa en que Fernando Herrero Tejedor, era Gobernador Civil, en Avila. Era éste de la carrera fiscal y por una temporada había sido Letrado-Asesor, conciliador. (Fue “descubierto” por Julve –el comerciante de Alcañiz que presentó a José Antonio, en 1934, cuando era Gobernador de Castellón. Como descubrió a Utrera, cuando lo era de Málaga).

Cuando Herrero Tejedor pasó a Delegado de Provincias, y luego a Vicesecretario, Adolfo Suárez, de quien Herrero conocía sus preocupaciones, situaciones e ilusiones, lo hizo su secretario particular, y hombre de confianza. (Mi relación con Herrero venía de que, como gran jurista, mi tarea en la Dirección del Servicio Contencioso-Laboral, tenía en aquél gran comprensión y ayuda. Cuando los despachos laboralistas podían constituir una erosión del sistema).

De ahí, la estrecha relación, amistad y recíproca admiración con Adolfo Suárez. Manifestada en múltiples formas. Pudo haber sido Letrado Sindical, y haberse situado como abogado laboralista, en la Sala VI del Tribunal Supremo. Pero su carrera era la política. Y Herrero y nosotros acertamos. Hizo las prácticas de la Milicia Universitaria como Alférez de Complemento en Melilla. Las vicisitudes académicas de estudios en Salamanca y preparación de oposiciones las seguí con gran interés. Las políticas –su gran vocación— son más conocidas. La muerte de Carrero Blanco, primero, y de Herrero, después, fueron un mazazo. La operación Fernández Miranda y Osorio, quien facilitó el primer gobierno, para dar satisfacción al Rey, motor del cambio, y Adolfo Suárez, ejecutor de la transición, ya está en la historia. La nueva clase media de la etapa de Franco hizo posible la transición. Merecedor del Ducado de Suárez.

Lo importante hoy no es preguntarse qué opinaría Suárez sobre la segunda o tercera transición que estamos viviendo. Prefiero volver a la foto hecho por un hijo de Suárez, en la que el Rey le pone el brazo y mano en el hombro derecho. Pasea. Dicen bien Lucía Méndez que “encierra un tratado de relaciones humanas…al final del camino entre dos hombres importantes de la historia de España”. Postrera compensación. Concordia. Sin “reconocerse”. El cariño, todo lo puede. Se sabe que Suárez lo pasa bien con el Cardenal Cañizares, por su ternura, su pelo blanco y vestimenta. Y sobre todo, su palabra, que será la palabra de Dios, en quien Adolfo Suárez siempre creyó y esperó. Es otro “misterio” y es otra “gracia”. Como otro gran servicio a España, con su inconsciencia y su silencio. Mi recuerdo y oración, que le acompaña con mi vieja amistad que tuve y tengo con él



JESUS LOPEZ MEDEL
 Premio Nacional de Literatura