Jesús López Medel

Jurista

gargallo

LA PRIMERA PROCESIÓN DEL CORPUS

775 Años del Milagro de los Sagrados Corporales – Luchente – Daroca, y 750 Años de la festividad del Corpus Chirsti


Daroca es una ciudad aragonesa, lindando con tierras de Castilla, y en los límites de las provincias de Zaragoza y Teruel. Edificada sobre las dos laderas de un barranco, que llevan las aguas al Jiloca, afluente del Jalón. Pudo pasar a la historia por haber sido una de los mejores reducto-fortaleza de España.

Pero Daroca debe su fama y su historia a un suceso peculiar: era el año 1239. Tercios de Calatayud, Teruel y Daroca están en tierras de Valencia para coronar la Reconquista. Los tercios, ya organizados, los manda don Ramón Berenguer de Entenza. Un domingo, 23 de febrero, día de San Matías, el sacerdote celebra misa en el castillo de Chío, en Luchente (Valencia). Consagra seis formas para dar la comunión a los seis capitanes, dos por cada tercio. Viene el asalto árabe. El sacerdote, mosén Mateo Martínez, aceleradamente, recoge las formas consagradas en el propio corporal. Termina la batalla al atardecer. El Capellán quiere continuar el sacrificio de la misa y se encuentra con que aquellas formas están convertidas en sangre, pegadas al corporal. Ese fue el gran milagro eucarístico.

Hubo disputas para decidir qué ciudad había de ser la que custodiara el milagro. Es llamado don Ramón Berenguer de Entenza, que estaba en Mallorca. No se acepta el sorteo. Se depositan los corporales en una caja metálica (aún se conserva), y a lomos de una mulilla ciega, aprehendida a los árabes, aquélla camina por tierras valencianas, pasa las de Teruel, atraviesa la ciudad de Daroca, parece dirigirse a tierras de Calatayud, vuelve hacia Daroca y a sus puertas se desploma. Era el 7 de marzo de 1239. Se acepta por todos que habría de ser aquella ciudad la que custodiara ese milagro de fe eucarística. Primero, en el Hospital de San Marcos, muy cerca del que, siglos después, sería Monasterio de «Nuestra Señora del Rosario» - «palomarcico» de Sor Teresita del Niño Jesús Pérez Iriarte, de singular fervor eucarístico - . Luego a la Basílica de los Sagrados Corporales.

Ese caminar durante catorce días, de Valencia a Daroca, fue realmente la primera procesión del Corpus. Está narrada por los historiadores de la época. Acudían las gentes a los caminos, seguían a la mulilla, se produjeron un sinfín de conversiones y algunos milagros. Hasta entonces no era frecuente comulgar y, sobre todo, no existió esa exteriorización masiva de la Eucaristía. Tomás Orrios de la Torre narró con detalle esa «primera procesión eucarística», que es el documento en que constan, ante la Corte de Carlos III y ante el propio rey, todas las vicisitudes históricas de la Ciudad del Milagro y del Milagro mismo.

El siglo XIII, en que ocurrió, fue uno de los más delicados y difíciles de la Iglesia, con discordias graves con el emperador Federico II – luego excomulgado -, con luchas entre ciudades pontificias, con herejías y pérdida de fe. Y como en tantos otros momentos de la Iglesia, detectan los historiadores cómo nació del pueblo esa fuerte reacción que, en aquel siglo, tuvo tres tipos de expresiones: el fervor mariano, el nacimiento de la Semana Santa, promovido por los franciscanos; y de manera singular, el despertar por la Eucaristía. El proceso eclesial del milagro de Daroca llevó bastantes años. En 1239 estaba el papa Gregorio IX; le siguió Celestino IV, pontífice en 1241, y por unos meses. Luego, Inocencio IV; y más tarde, Urbano IV. Con este Papa se termina el proceso eclesial que van a defender los dominicos San Buenaventura y Santo Tomás de Aquino. Este se inspira en el milagro eucarístico de Daroca para el oficio e himno, cuando el Papa instituye la fiesta del Corpus en la Iglesia universal. Historiadores como Antonio Beltrán han indagado cómo van naciendo las primeras procesiones del Corpus: la de Toledo, en 1280; la de Sevilla, en 1282; la de Gerona, en 1314; la de Barcelona, en 1319; la de Valencia, en 1355. Puede decirse que fue la semilla del sentido del Corpus Christi, que «sale», que se «exhibe», que manifiesta su presencia a todos, creyentes o no, como años más tarde había de ocurrir con el milagro de Lieja, y otros, especialmente en Italia.
Con esa fe, Daroca se convirtió en centro de peregrinaciones de todo el mundo. Fue un Lourdes o un Fátima en lo eucarístico, como un adyacente del Camino de Santiago, que ya empezaba. (V. el trabajo de la catedrática polaca Beata Baczynska, «1595. Un turista peregrino de Polonia en Daroca» - Aragonia Sacra – Zaragoza 1989). El Corpus de Daroca fue inicialmente el Corpus de la Corona de Aragón, que luego se extendería a toda España, y más tarde a toda la Iglesia universal.



Jesús López Medel
Premio Nacional de Literatura