Jesús López Medel

Académico

puerta

Un artículo retrospectivo sobre San Juan Pablo II



Escribí estas líneas a escasas horas de la noticia de elección del nuevo Papa Juan Pablo II. Dentro de la sorpresa general. Esa a la que ya nos remitíamos en nuestro apresurado artículo sobre la muerte del Papa Juan Pablo I – “Una prueba de fe para los cristianos” (“Amanecer” 30-10-78) – aludíamos a los fallos – del cientifismo sociométrico y de encuestas. Y, como en los caminos de Dios, El se nos lo llevó, pronto, contra todo pronóstico. Ahora, - 1978 – de nuevo “el Espíritu Santo, nos da la lección, de que escribir “recto con trazos torcidos”. Todo les ha fallado. Juan Pablo II, polaco, ecuménico, ha resultado – a posteriori – el Papa del Espíritu Santo. Si Juan XXIII era el Papa del Amor, Pablo VI el del Espíritu, y Juan Pablo I, el de la Sonrisa, Juan Pablo II puede ser el de la Esperanza.

Dejo a un lado, el tema de “vivencia” y experiencia en un mundo “oficialmente” comunista, como Polonia, posiblemente el más “arriesgadamente” católico del mundo. Gracias al fervor hacia la Virgen Madre, cuya entrega mariana solo es comparable a la que en ciertas zonas de España existe, como en la Tierra del Pilar o Guadalupe. Es amigo de la Virgen



Nosotros hemos estudiado a Max Scheler. Este filósofo alemán, profesor de la Cátedra del Arzobispo de Colonia, es autor de una obra capital “El puesto del hombre en el cosmos”. Juan Pablo II la conoce. Max Scheler, no católico, sin embargo, constituye el baluarte, en el plano intelectual, más seguro para situarnos entre los valores reales y los valores ideales. En su pensamiento sereno y profundo, se encuentra la filosofía más rica – para toda pretensión beligerantemente marxista.

Juan Pablo II, que tratará de situar al cristiano-hombre en su puesto en el cosmos-espiritual de nuestro tiempo. Y esa puede ser el “leiv motiv” de su Pontificado. Removerán muchas tierras, no sé si me equivocaré. No sé si el Papa podrá conseguirlo. Cuando al filósofo de Colonia sus discípulos, le insistían por qué no “realizaba” él, sus ideas, contestaba: “Los indicadores de los caminos no son siempre los que recorren los caminos”.

Me permitiría sugerir: Juan Pablo I, quizá en la mente de Dios, fue el Indicador del Camino. Su Santidad puede ser el Camino, sin duda difícil. Vamos a recorrerle con El. Con Esperanza. Juan Pablo II va a hacer Camino – lo recordaría Machado – al Andar. ¡Acompañémosle! Con Esperanza firme, sin desalientos.



JESÚS LÓPEZ MEDEL
Premio Nacional de Literatura