Jesús López Medel

Académico

puerta

Fernando el Católico, cinco siglos, Europa y España en nuestro tiempo




En este año 2016, se cumplen los primeros cinco siglos de la muerte de Fernando de Aragón, esposo de Isabel la Católica. Apenas se le recuerda. Acaso haya sido Javier Olivares el que lo haya preanunciado, en una tercera de ABC, de 8-4-2016, y quien haya hecho una advertencia a la "falacia y olvido", sobre la cual no se construye el futuro.

Sobre el primero, mi recuerdo está, dentro de la filosofía política o jurídica, en su apreciación o valoración de Maquiavelo. El nuestro es más elemental: lo sitúo en la ciudad de Daroca (Zaragoza), en la que se custodia el milagro de los Sagrados Corporales, ocurrido en 1239, en Luchente (Valencia), que provocó, con otras circunstancias, la proclamación de la festividad del Corpus Christi, en la Iglesia universal, por el Papa Urbano IV, que premió otro milagro eucarístico en la catedral de Orvieto (Italia). La capilla de los Corporales de Daroca, dentro de la basílica, cuyo altar mayor tiene inspiración vaticana, cuenta en las grandes losas laterales con el yugo, y las flechas lo testimonian.

Un Fernando el Católico, como recordamos en la obra "El Estatuto de Cataluña. Una meditación sobre España", que en las puertas de la catedral de Barcelona fue objeto de un atentado que el Rey de las Indias y del naciente imperio en Europa supo perdonar. Pese a que en la catedral de Granada, en su escultura, su almohada estuviese más lisa y menos baja que la de su querida Isabel. Porque esta -se decía- tenía más seso. Un Rey que -según Vicens Vives- para los castellanos fue un aragonés y para los catalanes, un castellano.

A su vez, volviendo a las ideas del artículo, como vemos en la Europa y en la España de hoy, el panorama es bastante diferente. No seré exhaustivo ni excesivamente crítico. Sólo algunos detalles: los Reyes Católicos traen la unidad de España y la liberación a Europa de los sarracenos.

También la catolicidad del Estado, dentro de la libertad. Ahora, hasta en la España aconfesional se atiborra de "laicidades positivas", cuando no en ataques frontales, como la exposición en el Parlamento de Navarra de una burla grave a la religiosidad o al heroísmo de requetés o falangistas, que han sido además muy difundidos.

Y, entre nosotros, la irrupción de la mentira y la sofisticada ingenuidad política de los partidos políticos, que no supieron o quisieron acertar en la creación de un poder ejecutivo positivo, que ha provocado el desencanto por la desviación de una transición democrática.


JESUS LOPEZ MEDEL
Premio Nacional de Literatura




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Publicado en: EL DÍA S/C de Tenerife
DOMINGO 01 Mayo de 2016