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Jesús López Medel

Académico

puerta

El Valle de los Caídos. Los muertos no pueden morir


Escribo estas líneas sin tener en cuenta los volúmenes sobre el Valle de los Caídos, en los que se detalla el origen, técnicos y participantes en la elección del lugar y, sobre todo, la naturaleza jurídica de su creación y de su futuro institucional. Lo que sí es evidente es que si Franco persistió en su idea de construir un monumento a las víctimas de la Guerra Civil, no hubo sugerencias de un sepulcro personal para después de su muerte. Al final, los realizadores de la obra, que no eran muy franquistas, salvo los autores de sus capillas laterales, aconsejaron fuera así. Y aceptó Franco y su familia, sin intermediarios.

Se ha escrito en las últimas semanas sobre el tema. Precisamente partimos de algunas ideas generales que pueden explicarnos la naturaleza de las cosas. Y los despropósitos en la historia, de sacar a Franco de su tumba. Al margen de objetivos de enmascarar una lucha frente a la paz que hemos tenido.

Así, Pérez Reverte, que no es sospechoso ideológicamente, al final de su artículo "La historia de España", Semanal de ABC, mayo 2017, sobre la evolución del régimen en vida de Franco, termina diciendo: "...pero estaba claro que los tiempos cambian, que Franco no podía ser eterno...".

De otro lado, poco se ha escrito sobre la naturaleza institucional del Valle de los Caídos, sobre sus verdaderos titulares, sobre el elemento causal orientador de la edificación, entre otras cuestiones.

Ahora se trata de la revocación de los derechos de la Iglesia, concordados con los del Estado. Lo religioso es pieza angular. Por el contrario, recordamos el desenterramiento del general Sanjurjo. Históricamente, se destaca que no se han dado desenterramientos de tal naturaleza. No hablemos de los comentarios de Pérez-Maura sobre un posible traslado a El Pardo, que podría convertirse en lugar de peregrinación de ultras.

Finalmente, un hecho histórico: cuando Carlos V ganó su batalla contra los seguidores de Lutero, el elector ofreció la vida de su esposa a cambio de la ciudad de Witterberg, en cuya iglesia clavó Lutero sus 95 tesis. El duque de Alba solicitó sacar el cadáver de Lutero. Carlos V dijo: "Dejémosle reposar. Yo hago la guerra a los vivos, y no a los muertos". Nosotros añadimos: "Los muertos no pueden morir".


JESÚS LÓPEZ MEDEL
Académico




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Publicado en: EL DÍA S/C de Tenerife
DOMINGO, 28 de Mayo de 2017